101 años, y parece que fue ayer

La mayoría de las veces en el relatar y dejar constancia de los hechos en la historia no participa la pluma sobre el papel de ningún ser humano. Los acontecimientos superan siempre al propio relato, y son los demás de un personaje que los propicia los que inexorablemente pasan a formar parte de ese estar en algún capítulo de la propia historia. Los acontecimientos se superan a sí mismos desde el mismo instante en que se producen.

En efecto han transcurrido 101 años, y parece que fue ayer, cuando el científico Albert Einstein dio a conocer su “Teoría de la Relatividad General”. Decir que el alemán, nacionalizado suizo y estadounidense, había formulado la relación necesaria y obligada de su física estadística con la mecánica cuántica, es tanto como afirmar que Newton en su teoría sobre la gravedad fue el punto de partida de aquella relación físico matemática que acabaría por sentenciar la equivalencia entre la masa y la energía.

Hoy se cumplen los 101 años de aquella presentación de la célebre Teoría de la Relatividad en la Academia de Ciencias Prusiana en Berlín, era el 25 de noviembre de 1915. Entonces ya no se atrevieron a discurrir a fondo su temática hasta el punto de que cuando en 1921 se le concede el Premio Nobel de Física, no es por sus estudios y trabajos que desembocaron en la redacción de aquella Teoría si no por los relacionados con el efecto fotoeléctrico y sus innumerables aportaciones a la física teórica. Nadie la había entendido y en consecuencia no se atrevieron a evaluarla y eso que habían tenido seis años para conseguirlo.

No es de extrañar que en cierta ocasión dijera: “Cada día sabemos más y entendemos menos”.

A lo largo de estos 101 años la mayoría de los mortales que hemos oído hablar sobre la Teoría de la Relatividad, aunque solo por referencias, no hemos llegado a entenderla salvo que sean físicos sus estudiosos y docentes. Pero que Einstein fue un genio nadie puede discutirlo. Jamás dejó de instalarse en la socarronería con buenas dosis irónicas y lo demostró con toda una pléyade con quien compartía secuencias del día a día y charlas de café.

En sus conclusiones llegó a preguntarse; “Tengo una pregunta que a veces me tortura: ¿estoy loco yo o los locos son los demás?”, y para los dudosos de sus cuartillas emborronadas con fórmulas y más formulas físico matemáticas, dejó muy claro a los memos que ponían en tela de juicio sus argumentos con aquella aseveración: “El azar no existe; Dios no juega a los dados”

Y aquella otra fórmula que sí entenderíamos todos… “Si A es el éxito en la vida, entonces A=X+Y+Z, donde X es trabajo, Y es placer y Z es mantener la boca cerrada”. Por eso el físico Paul Dirac nacido en Bristol en el Reino Unido pudo sentenciar respecto a quienes criticaron a Einstein: “Todo el mundo tiene que sacrificarse de vez en cuando en el altar de la estupidez”.

Cuando ya se han cumplido 61 años de su muerte, la estela de sus trabajos perduran a través de los tiempos, tiempos que se encuadran en un devenir de acontecimientos mientras nos regaló con su vida. No figurara como epitafio en su lápida, pero porque él así lo sentía quiero terminar mi artículo con un pensamiento suyo a guisa de consideración…

“Si mi teoría de la relatividad es exacta, los alemanes dirán que soy alemán y los franceses que soy ciudadano del mundo. Pero sino, los franceses dirán que soy alemán, y los alemanes que soy judío.”

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