25 años después

El Régimen chavista, por la mano del actual Presidente de Venezuela, celebró los actos conmemorativos del 25 aniversario en que el por entonces Teniente Coronel Hugo Chávez Frías intentó un golpe de Estado en contra el legítimo gobierno de Carlos Andrés Pérez, aprovechando incluso que éste se hallaba fuera del país atendiendo reuniones de Estado en el Foro Económico Mundial que se celebraba en Suiza.

Lo que más nos llama la atención de esta fecha es que ha sido entronizada como el “Día de la Dignidad Venezolana”. Debe ser una broma y alguien con poca conciencia democrática ha podido emplear el término “Dignidad” para celebrar la intentona de un golpe de Estado.

Se me antoja que si al intento de golpe de Estado perpetrado en nuestro país el 23 de Febrero de 1981 le hubiéramos dado carta de naturaleza heroica nuestra “Dignidad” hubiera sido rebajada hasta límites escatológicos. En democracia los golpes de estado se hacen por sufragio universal con una papeleta de votación y una urna en donde depositarla. Las armas callan y quienes las empuñan para atentar contra la voluntad de un pueblo merecen el más ignominioso de los calificativos.

Once años más tarde en Venezuela se repite la misma historia del 23F, y como sucedió en España, los autores de tamaño despropósito dieron con su huesos en la cárcel, aunque, eso sí, también en ambos casos en los penales militaresen los que fueron tratados con sutil guante blanco.

La Historia devolverá a la palabra “dignidad” su verdadero destino alejado de celebrar un intento de golpe de Estado con derramamiento de sangre, a no ser que lo que se pretenda conmemorar sea el día en que el pueblo venezolano le dijo NO a Chávez Frías, porque al fin y al cabo el Presidente al que se intentó derrocar había sido aupado a la máxima magistratura de la Nación con más del 50% de los votos.

La Operación Zamora con que fue bautizada la intentona, no guarda ninguna relación con la bella ciudad castellano-leonesa cuna del guerrero Viriato llamado, “terror de los romanos”, allá por el siglo II ac. Muy al contrario se trató de destacar a otro personaje de la tierra venezolana llamado Ezequiel Zamora.

Ezequiel Zamora, que el pasado 1 de Febrero se cumplieron 200 años de su nacimiento, fue un destacado político liberal convertido en General de un ejército compuesto por campesinos quienes le siguieron bajo el lema “tierra y hombres libres”. Con ello Zamora inició una batalla para derrocar al Presidente José Antonio Páez, contrario a las tesis de Simón Bolívar en cuanto al rediseño de una Gran Colombia. Su intentona le costó también su detención con resultado de aplicarle la pena capital. El propio Páez le conmutó la sentencia por la del exilio. No resulta extraño que al axioma físico de que los extremos siempre se tocan, se comprendiera que al tocar los extremos se cerraba un círculo que ayudaba a evitar que nadie más que los autorizados pudieran penetrar en él. A eso venimos en llamarlo dictadura.

No es menos cierto que el pueblo venezolano llegó hasta el más absoluto hartazgo ante los brotes de corrupción que sacudían a los partidos alternantes en el poder, y que era preciso que surgiera un líder que se enfrentara a tales desmanes, pero no a cualquier precio. 7 años más tarde de ser encarcelado y amnistiado, el Teniente Coronel Hugo Chávez ganaba las elecciones democráticas con una diferencia de más de un millón sesenta mil votos. Así sí Sr. Chávez.

Y puestos a proponer una fecha para conmemorar y celebrar el “Día de la Dignidad Venezolana”, propongamos la de la fecha en que se promulgó la independencia de la colonia española el día 5 de julio compartiéndola con la fiesta nacional. O si tanto se quiere en un acto narcisista celébrese el día 2 de febrero en que el mencionado Teniente Coronel fue investido presidente de la República.

Cualquier fecha rigurosamente democrática puede ser bautizada con el nombre de “Día de la Dignidad Venezolana”, excepto la del 4 de febrero que seguirá siendo en la historia de la verdad y no la de la manipulación como el fracaso, con muertes en los zurrones, de unos insurrectos con estrellas en la bocamanga.

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