A favor de la renta básica (I)

La mayor parte de las prestaciones sociales actuales, de hecho, implican tanto para el que las implementa como para el que las recibe, el reconocimiento público de situaciones de marginación, y al mismo tiempo los actuales sistemas de rentas mínimas que intentan paliar las situaciones más angustiosas de necesidad son complejos, heterogéneos y escasamente eficaces, lo que los hace escasamente útiles como lo demuestra el hecho irrefutable de que la desigualdad y los índices de pobreza vienen creciendo de forma alarmante, y muy especialmente en nuestro país por las políticas aplicadas bajo el pretexto del control del déficit presupuestario, al tiempo que, como ocurre en nuestras Islas, ni siquiera se agota el escaso presupuesto que se dedica a tal menester por falta de comunicación y la gran dificultad que tienen los dependientes en acceder a las ayudas.

Esta flagrante situación provoca que buena parte de los posibles beneficiarios no accedan a las ayudas, que los costes administrativos de gestión sean muy altos, tanto para la administración pública correspondiente como para el propio sujeto beneficiario, que además está sometido a farragosos controles y trámites administrativos. Es sangrante el importante retraso que se sufre desde el momento en que se inician los trámites de solicitud y el efectivo disfrute de la prestación, con el consiguiente efecto de desprotección temporal.

A lo que hay que añadir dos realidades: El hecho de que las prestaciones estén condicionadas al cumplimiento de determinadas circunstancias y que sean habitualmente incompatibles con la obtención de empleo u otros ingresos, suponen un desincentivo al empleo y un estímulo a la economía sumergida (trampa de la pobreza) y que la mayor parte de las prestaciones impliquen un reconocimiento público de situaciones de marginación, supone de estigmatización social.

La renta mínima de inserción es una ayuda pública para personas sin suficientes recursos para atender sus necesidades más básicas, y que podrían quedar excluidos de la sociedad. La renta de inserción es una prestación social delegada a las Comunidades Autónomas, que establecen sus propias características y requisitos. Las únicas condiciones comunes son el hecho de estar empadronados en la comunidad correspondiente, carecer de recursos suficientes, tener denegadas otras ayudas sociales, y aceptar medidas de inserción laboral.

Mientras que la renta básica universal o renta básica universal incondicional es una forma de sistema de seguridad social en la que todos los ciudadanos o residentes de un país reciben regularmente una suma de dinero sin condiciones, ya sea desde un gobierno o alguna otra institución pública. Se trata de un sistema sin precedentes y profundamente revolucionario

La renta básica RBUI cada vez tiene un mayor impacto mediático. La renta básica universal incondicional sin condiciones humillantes es una medida que ya se ha probado en diversas comunidades de Canadá y Gran Bretaña en el pasado y, en la actualidad en Holanda, Finlandia y Namibia, y según el historiador Rutger Bregman estuvo a punto de aplicarla también el presidente conservador de EE.UU, Richard Nixon y sólo fracasó cuando el Senado de Estados Unidos la rechazó. En el ámbito político personajes de relevancia en la opinión pública como el exministro de Economía griego Yanis Varoufakis ve en este ingreso la solución a la desigualdad social.

En líneas generales, la aplicación de una RBUI, renta básica universal individualizada implicaría en grandes trazos:

Los ciudadanos tendrían una mayor sensación de autorrealización al no verse forzados a trabajar en sectores que no les interesan y a sueldos de miseria.. Gracias a esta renta, podrían dedicarse a crear un negocio que siempre habrían deseado llevar a cabo, tener más aficiones o incluso más tiempo para realizar obras sociales en ONGs.

Es una clara apuesta para frenar la desigualdad económica que se está produciendo en la Zona Euro. El grado de endeudamiento de las familias disminuiría, aumentado así el consumo.

Crecería el número de estudiantes que quieran acceder a la educación superior.

Uno de los efectos colaterales positivos sería un aumento de la natalidad. Actualmente las mujeres que quieren ser madres se encuentran con que el sistema no se les facilita ejercer el derecho a la maternidad. La renta básica les facilitaría tener trabajos con horarios más flexibles sin temer por la economía familiar.

Las personas con menos recursos no tendrían miedo de perder este ingreso universal al encontrar trabajo, ya que la renta básica es independiente a la situación laboral del individuo. De esta manera se acabaría con la trampa de la pobreza, que es la encrucijada en la que se encuentran las personas que, de ser aceptadas en un empleo, pierden las prestaciones sociales.

Un comentari a “A favor de la renta básica (I)

  1. Sense haver llegit l’article de Miquel Pascual, el curiós és que acab d’escriure un text molt similar, que sortirà demà dijous a dBalears.

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