A vueltas con el bipartidismo

El pasado martes leí con fruición un artículo de Luis María Ansón en El Mundo sobre las excelencias del bipartidismo y no me resisto a comentar ciertas matizaciones. Desde su innegable magisterio el articulista incluía varias consideraciones irrefutables que le llevaban a la conclusión sobre la conveniencia de la alternancia de poder hasta el punto de tachar como chantaje implacable el hecho de que, a pesar de reconocer que la Ley D’Hont prima a las mayorías, sería necesario –además– reformar la actual Ley Electoral con la implantación de una segunda vuelta.

Dejando por sentado que como dice el señor Ansón un sistema proporcional sin correctivos “termina por hacer imposible gobiernos razonables y estables”, habría que analizar a qué se refiere cuando habla de gobiernos razonables y estables. No es que uno esté en contra de implantar el balotaje, pero me interesa más analizar previamente el porqué es más que previsible que en los próximos comicios el vencedor tenga la obligación de pactar con otras fuerzas y en el peor de los casos ¿o el mejor tal vez? el bipartidismo puede quedar hecho añicos.

La única realidad de los datos indica claramente que los dos partidos antaño hegemónicos han dilapidado las innegables ventajas que les ofreció el sistema electoral vigente y su crédito se está agotando. No pongamos pues paños calientes y digámoslo claramente: ni PP ni PSOE son ya capaces de ilusionar a la mayoría de sus electores. Han perdido credibilidad, principalmente por dos causas innegables como son la corrupción y su falta de sentido de Estado. No vale poner ejemplos como Alemania, Estados Unidos, Japón o Reino Unido. En esos países, con segunda vuelta o sin ella, sus gobernantes administran los recursos del Estado mirando los intereses del conjunto de la ciudadanía y aquí no, al menos hasta ahora. La condición humana de quienes son llamados a gobernar en esos países no evita la existencia de corrupción, sin embargo desde sus Parlamentos se ponen medios suficientes para combatirla, mientras que en España lo que se ha hecho ha sido precisamente lo contrario. No se han acometido reformas en un Poder Judicial lento, ineficaz y cada vez más politizado.

Con un escenario como el que nos contempla uno se pregunta si los males de España se resolverían con una segunda vuelta o si quizá los problemas reales se agravarían debido a gobiernos cada vez menos creíbles. De cualquier forma, la gran esperanza, gane quien gane, es que emerja un tercero en discordia que, lejos de aplicar “chantajes corrosivos”, como dice Ansón, sea capaz de controlar los desmanes a los que por desgracia estamos tan acostumbrados.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *