Abstención en diferido

Se suele decir que rectificar es de sabios pero, francamente, yo no le veo a Antonio Hernando la sapiencia por ningún lado. Si ya me pareció delirante el pretexto que a duras penas hilvanó María Dolores de Cospedal, para explicar a la prensa el extraño despido de Bárcenas, el discurso del portavoz del grupo socialista justificando lo injustificable en el Congreso de los Diputados sin duda se lleva la palma. Ni por todo el oro del mundo, y menos aun por un cargo institucional que desde ahora tan solo le puede granjear sinsabores, me prestaría como ha hecho él al oprobio de quedar en evidencia ante las bases. Porque es a ellas, y a algún que otro gerifalte con dos dedos de frente que no ha dudado en pronunciarse al respecto en esos términos, a quienes más ha costado digerir la situación. Y es que son nada menos que cuatro años más, en los que no se augura otra cosa que padecimiento para las clases medias y bajas. Es decir, para los de siempre.

Esta que está usted leyendo, apreciado lector, no sé muy bien si es la cuarta o la quinta columna de opinión que escribo acerca de este desagradable tema. Eso puede darle una idea de hasta qué punto me solivianta la posición maniquea que sigue adoptando, aun tras haberse salido con la suya y de qué manera, la gestora que preside Javier Fernández al imponer una multa a los diputados díscolos por limitarse a cumplir el deseo de las bases. Por suerte para él, para el Partido Socialista Obrero Español quiero decir, un pasado con más de ciento treinta años de historia que avala su poder de regeneración, aseguran un retorno sin ambages a la actualidad política. Ahora bien, no sabemos para cuándo será eso, ni si se producirá de manera progresiva o repentina, pero no me cabe ninguna duda de que será así.

Ya no sólo por las amigas y amigos que militan en el PSOE, que también, si no porque considero que no se acabaría de conformar convenientemente el arco parlamentario en ausencia de ese importante partido político, deseo que cuanto antes resurja de sus cenizas. Así es como lo veo yo, churruscado por dentro y por fuera, pero con un poder inmenso de regeneración que ni el Ave Fénix. Le va a costar, eso sí, llevar a buen fin su propia travesía del desierto, en la que sin duda se producirán algunas bajas durante el recorrido, pero por el bien de la formación es necesario que así sea.

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