Al final

Al final, las cosas más inexplicables de la vida son sencillas de entender. Siguiendo la máxima por la cual una mentira repetida mil veces se convierte en verdad y, otra paradoja, la única verdad comprobable y cierta es la mentira perfecta, a través de ellas digo, entenderemos la situación política en la que nos estamos viendo abocados este largo año de elecciones y de elegidos. Me explico.

Un manco (mujeriego, enamoradizo y tramposo) que escribía como Dios, decidió que el Quijote se enamorara de Dulcinea y, en su nombre, arremetió contra molinos, intento doblegar voluntades, someter a villanos y caballeros, y nombrar rey de una ínsula que nunca existió a su gordo y fiel ayudante. Es indiscutiblemente cierto; es todo mentira.

Bin Laden no fue el primero en atacar a EEUU en su propio territorio nacional. El “merito” le corresponde a Pancho Villa, quien en 1916 cruzo Río Grande y atacó la ciudad de Columbus, en Texas, donde mató a siete personas. La invasión duró menos de diez horas. Tampoco es cierto que los viquingos llevasen cascos con cuernos. Fue una invención del pintor sueco Gustav Malstrom en las ilustraciones que realizó en 1820 para el poema épico Frithiof`s Saga. El propósito de estos cuernos irreales era retratar a los feroces guerreros del Norte como seres casi demoníacos. La única verdad es la mentira absoluta y, una mentira repetida mil veces acaba por devenir verdad.

El Partido Popular (PP) insiste en estas dos paradojas. Pedro Sánchez nunca será el culpable de repetir elecciones por tercera vez. Sánchez defiende lo que defendía en campaña. No quiere colaborar por activa ni por pasiva en un Gobierno en el que esté Rajoy. Se mantiene en sus trece (igual que el papa Luna) a lo cual tiene absoluto derecho. Es coherente –equivocado o no- con el discurso que la ha dado muchos votos.

Sin embargo, el PP viene culpando de la repetición teórica de elecciones a Sánchez desde que Rajoy medio aceptó entre dientes el mandato de Felipe VI de formar Gobierno. En ese mismo momento, consideraron las cabezas pensantes del PP (nunca la de Rajoy), que tocaban a arrebato y que tenían que culpar a Sánchez. Pues resulta que, si sales a las calle mucha gente cree que si vuelve a haber elecciones la culpa es de Sánchez. Triste, pero cierto.

Decía Quevedo, ya que estamos, que donde hay poca justicia es un peligro tener razón. En el ecosistema político no suele gobernar la justicia. Son muchos los líderes que han sufrido escarnio y luego son resarcidos por la historia, y viceversa. Las circunstancias son a veces implacables con los políticos. Que se lo digan a Pedro Sánchez, situado ante uno de los dilemas más peliagudos a los que se ha enfrentado un secretario general socialista en los últimos años.

Tiene razón Sánchez. No es justo. No es justo para él perder las elecciones y no poder ejercer de jefe de la oposición, como sería lógico, máxime cuando podría hacerlo frente a un gobierno en minoría. La vocación del PSOE es gobernar o erigirse en alternativa y, por tanto, propiciar que su principal rival se perpetúe en el poder va contra su propia naturaleza.

A ello hay que añadir –como decía Lola García en LA VANGUARDIA- que Mariano Rajoy no se lo ha puesto fácil. Desde el principio, el presidente popular no se entendió con Sánchez, a quien considera inconsistente y un producto de marketing. Rajoy echa de menos a Alfredo Pérez Rubalcaba. No ha podido reprimirse en el uso de la burla ante el actual dirigente socialista, algo que no habría hecho con el anterior. Así que es comprensible que Sánchez se resista a “regalarle” a Rajoy cuatro años más en la Moncloa. Por si fuera poco, el PP le amenaza con unas elecciones el día de Navidad.

Tampoco es justo ganar unas primarias en el seno de su partido y tener que mirar constantemente por encima del hombro por si un compañero decide apuñalarle a la primera de cambio. Ni lo es que los primeros en presionar a Sánchez para que se ate la soga al cuello dando la presidencia a Rajoy sean precisamente todos sus predecesores, empezando por José Luis Rodríguez Zapatero, Rubalcaba o Felipe González.

Por si fuera poca desdicha para el socialista, la posibilidad de intentar un gobierno con Unidos Podemos está vedada, ya que en el PSOE –y en eso el consenso interno es amplio– no están dispuestos a pactar con ERC y la antigua CDC con el referéndum catalán como condición. Esa vía está cerrada. Sánchez ha consumido un mes exigiendo a Rajoy que se presentara a la investidura. A partir de mañana, ambos se dedicarán al duelo del País Vasco y Galicia, ya que esas elecciones serán muy influyentes. Pero en octubre llegará la hora de la verdad.

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