Amigo, compañero y mentor

Un compañero, que no amigo y ni mucho menos mentor, me dejó sorprendido por un artículo sobre el cumpleaños de una conocida personalidad pública en el que declaraba que dicha persona era su “amigo, compañero y mentor”. Sucedió el año pasado.

Mi sorpresa me llevó a consultar el diccionario temiendo que con los cambios se hubiera modificado las acepciones de estos tres conceptos. Encontré las siguientes que me interesaron.

Amigo: “Que tiene una relación de amistad o de afecto y confianza con otra persona”.

Compañero: “Persona que está con otra, que realiza su misma actividad o que está en su mismo grupo”.

Mentor: “Persona que aconseja, orienta o guía a otra”.

De los tres términos solo se le adecuaría el de compañero, y en pasado. El de amigo no porque la amistad requiere una aceptación consciente en ambas partes, y no se da en este caso. El de mentor exige que el aconsejado, orientado y guiado siga los consejos, las orientaciones y la guía del mentor, circunstancias que, según me consta, tampoco se dan.

Pero el papel es muy sufrido y lo acepta todo, aunque sea mentira o una media verdad; por eso siempre habrá osados y atrevidos que se suban al carro del prestigio ajeno para presumir de lo que carecen y auto convencerse de que ellos son tan importantes como el personaje en cuestión.

“¡Vanidad de vanidades, todo es vanidad!” dice Qohelet (Eclesiastés 1,2)

La intención de este artículo es prevenir a los lectores para que siempre pasen  por el tamiz de su inteligencia y raciocinio todo aquello que lean: hay que sopesarlo, razonarlo y juzgarlo todo, también esto que estoy diciendo. Y no tragárselo todo.

Y a los que escribimos ser más modestos y humildes porque a la corta o a la larga todo se sabe y se nos coloca en el lugar que nos corresponde: la caducidad de lo efímero y finalmente el olvido.

Pero queda muy bien decir a alguien: “amigo, compañero y mentor”.

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