Ana María, Elena y Carmen

En las últimas 48 horas tres asesinatos más, tres mujeres a manos de parejas o exparejas simplemente porque las consideran suyas, su cuerpo, su libertad, sus proyectos. Tres mujeres muy distintas y tres hombres muy diferentes. La violencia machista no conoce clases ni edad.

Una  joven de 25 años Ana María Enjamio,  fue apuñalada la madrugada del sábado en el portal de su casa en Vigo cuando volvía de su cena de empresa. La mujer de 30 años que en la tarde del pasado viernes fue apuñalada presuntamente a su expareja en un piso de Santiago falleció en el Hospital Clínico, donde no pudo recuperarse de las heridas de arma blanca recibidas en el abdomen, la espalda y el cuello. Y en Tarragona ha sido detenido un hombre tras confesar que ha matado a su pareja de 25 años.

Reproduzco parte del acertado comentario de Pepa Bueno esta misma mañanas en la Cadena Ser: “Y habrá que repetir una vez más que detrás de la violencia machista está la desigualdad de todo tipo que hoy todavía viven las mujeres”

“En los salarios dispares por el mismo trabajo; en la diferente representación política; en el ascenso en las empresas o en las instituciones; en los libros que ignoran la historia de la mitad de la humanidad; en la publicidad que nos cosifica; en los juguetes que reproducen estereotipos en versión 3.0; en la sobrecarga de los encuentros navideños sobre los hombros de las madres, las hermanas o las hijas; en el chiste casposo sobre las mujeres jóvenes, en el comentario condescendiente sobre las mujeres mayores; en las canciones, los libros, las películas de hoy, de ahora mismo, llenas de héroes masculinos y de sufrientes o brujas coprotagonistas femeninas; en el ambicioso que triunfa por méritos propios y la ambiciosa que medra por razones sospechosas; en el hombre que manda y la mandona que atosiga; en el control por el teléfono móvil, en el ”cariño, uno de los dos tiene que bajar el ritmo de trabajo para atender a los niños”; en la presión insoportable que se ejerce sobre las que no quieren ser madres, ni emparejarse ni formar una familia…”

Corremos el riesgo que se nos agoten las palabras y las manifestaciones de rechazo.

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