Anatema

Busqué y encontré, naturalmente, quién fue, quién es, Gala León. Hoy en día no es en absoluto difícil enterarse de todo cuanto apetezca o se precise saber acudiendo a Google. Para esa herramienta o como se llame no hay secretos ni ley de protección de datos. Y así, con rapidez sensacional, me enteré que dicha tenista logró alcanzar el puesto 27 en el ranking de su deporte y que su habilidad fue el revés a dos manos. Siempre interviniendo en competiciones tenísticas enfrentándose a contrincantes de su propio sexo, obviamente. A partir de tal introducción jamás se me ocurriría calificar o juzgar la capacidad deportiva de la señora León, siendo así que mi revés a dos manos siempre fue un desastre. Con independencia de mis escasos conocimientos acerca de la técnica de tal actividad deportiva, de la cual, naturalmente, soy muy aficionado. Afición que se inició con los primeros raquetazos de Santana, Gispert, Arilla, Orantes, etc., y que se mantiene viva con nuestro Rafa Nadal y el otro caballero de las pistas, R. Federer. Y si bien no me siento cualificado para ejercer de crítico de la señora León, sí considero que Toni Nadal, en todas sus entrevistas o conferencias o charlas, se ha mantenido dentro de un tono sereno, profundo y educado, y repleto de sinceridad. Conforme o no con alguna de sus manifestaciones o expresiones, no cabe ninguna duda que merece de algo más que respeto y consideración tanto en su labor profesional con en su conducta pública.

Sin embargo, hasta el mejor escribano echa un borrón, como al mejor tenor le sale un gallo. Pues, parece ser que al tío de Rafa le ha salido un tremendo gallo y ha echado un borrón, que han provocado ríos de tinta. Su opinión acerca del nombramiento o designación de la señora León como capitana del equipo masculino de Copa Davis, se está convirtiendo en un anatema merecedor de la excomunión mediática. Por descontando que tal condenación es consecuencia de haber caído en la “herejía” más repudiable que impera en nuestro siglo: el machismo. Todo cuanto no sea considerado “igualitariamente correcto”, cae en la más horrenda de las reprobaciones. Y, sin ningún tipo de excepción, el justiciero, paladín o juez, pluma o teclado en mano, levanta su texto cual dedo acusador hacia todo personaje que se atreve a ir un poquitín contra el status imperante, establecido por no se sabe quién ni a santo de qué.

El susodicho Toni Nadal ha expresado dos opiniones evidentes. Primero que la aludida designada no conoce en absoluto el circuito ni los jugadores masculinos, ni, expresamente, a su sobrino Rafa. O sea, el entrenador del mejor deportista que ha tenido España, según sentir popular, da su opinión técnica sobre la ex tenista número 27, actualmente directora deportiva de la Federación. Lo cual le lleva a considerar que no es la persona más indicada para tal cargo. Lo mismo le sucede a del Bosque desde el Mundial de Brasil, y nadie se rasga las vestiduras cuando surge idéntica opinión. Ahora bien, dicho personaje añade una sentir más, con la valentía que impulsa su sinceridad: duda de la idoneidad de una presencia femenina en un vestuario de hombres. Y eso, tal enunciación ya es motivo de anatema, de condenación. Es un claro síntoma, según se lee por ahí, de un machismo rechazable. Es decir, que aludir como indebida la presencia de una mujer en un lugar en donde “se va con poca ropa”, no es asumible ni políticamente correcto para la prensa de este país, ni de quiénes se proclaman con derecho a opinar. Hacer referencia, aunque sea implícitamente, a una virtud, el pudor, incluso con una sonrisa en los labios es un hecho que no es admisible en este país nuestro. Pudor, recato, que no compete a la fémina sino a los jugadores ocupantes del vestuario, los cuales pueden sentir “vergüenza de exhibir el propio cuerpo de la vista del de otros”, según definición de Maria Moliner. En otras palabras, que atreverse a rechazar por indebido tal sensación, para más de un periódico y más de un tertuliano, es un claro síntoma de “machismo” que debe merecer de una inmediata reprimenda pública, al tiempo que de una exigencia de rectificación más que automática. Rectificación que habrá de acompañarse de la correspondiente autoflagelación si no desea el interfecto, Toni Nadal, exhibir el definitivo sambenito de machista por el resto de sus días. Y ello, aunque la señora León no llegue a ejercer un solo día su cargo. Y es que, ser sincero, en nuestros días y en nuestro país puede y es anatema. Aunque lo que se diga, lo que se opine, sea, sencillamente, de sentido común.

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