Atado y bien atado (y II)

A las diez de la noche del día 30 de diciembre de 1969, Francisco Franco Bahamontes, Jefe del Estado Español se dirigió a la nación, a través de los micrófonos de Radio Nacional de España y de las pantallas de Televisión Española, en su ya tradicional mensaje de fin de año, en la que dijo la tan recordada frase que da título a estos artículos sobre el tema: ”Respecto a la sucesión a la Jefatura del Estado, sobre la que tantas maliciosas especulaciones hicieron quienes dudaron de la continuidad de nuestro Movimiento, todo ha quedado atado, y bien atado, con mi propuesta y la aprobación por las Cortes de la designación como sucesor a título de Rey del Príncipe Don Juan Carlos de Borbón. Dentro y fuera de España se ha reconocido, tanto con los aplausos como con los silencios, la prudencia de esta decisión trascendental”.

Para continuar diciendo: “Nuestros descendientes comprobarán que la nueva Monarquía española ha sido instaurada en virtud de dos votaciones populares reiteradas en el plazo de veinte años, en el referéndum nacional de 1947, que aprobó la Ley de Sucesión y en el de 1966, que refrendó la Ley Orgánica del Estado. Han sido, pues, dos generaciones de españoles las que han dado su voto multitudinario a nuestro sistema político. La designación concreta del futuro Rey obtuvo la aprobación de las Cortes Españolas, representación genuina de la nación. Bien podemos decir que la instauración de nuestra Monarquía cuenta con un respaldo popular prácticamente absoluto y desde luego muy superior al que tuvo en 1700 el Rey Felipe V, en cuya entronización jugaron mucho más las maniobras políticas de potencias extranjeras que la propia voluntad del pueblo español”.

“Como dije en la memorable sesión del 22 de julio último, la sucesión a la Jefatura del Estado constituirá en el futuro un hecho normal que viene impuesto por la condición perecedera de los hombres. Si Dios nos sigue otorgando su protección, de la que tan señaladas muestras tenemos, la decisión adoptada en ese día como una prudente previsión del futuro aceptada por la nación, librará a España de las dudas y vacilaciones que pudieran suceder cuando mi Capitanía llegase a faltaros. La permanencia inalterable de los Principios del Movimiento, la solidez del sistema institucional del Estado y la designación y juramento prestado por el Príncipe de España, de cuya lealtad y amor a la Patria ha dado sobradas pruebas, son firme garantía de la continuidad de nuestra obra.Con la ayuda de Dios y la buena voluntad de los españoles, nuestros hijos y nietos tienen asegurada la estabilidad política de la nación”.

Con estos mimbres no se puede hacer más que este cesto, no siendo de extrañar que en los cuatro últimos Presupuestos Generales del Estado no ha habido dinero para rescatar de las cunetas y de las fosas los cadáveres de las víctimas de la guerra civil y del franquismo y, en cambio, sí hay dinero para subvencionar a la Fundación Francisco Franco, a la que ya subvencionaba José María Aznar, una entidad privada cuyo objetivo consiste en difundir la figura del dictador Francisco Franco y fomentar la investigación sobre el régimen franquista, surgido tras la guerra civil, actividades impensables tanto en Alemania como en Italia, con respecto a Hitler y a Mussolini, y por supuesto, actividades perseguidas.

No es de extrañar que se permita queun individuo, con toda desfachatez, al que no voy a llamar fascista para que no me apliquen la Ley Mordaza, diga en directo en un canal de televisión privado local que fue el frente popular quién dio el golpe de estado fascista del año 1936, y no un grupo de militares fascistas acunados por civiles del mismo tenor político.

No es de extrañar que la Ley de Amnistía siga funcionando en España como una “ley de punto final” y de “escudo franquista”, tal y como van denunciado diversos organismo internacionales como el Relator Especial de Derechos Humanos de la ONU, Pablo de Greiff; el Comité de los Derechos Humanos de la ONU; o la propia Amnistía Internacional. España sigue siendo la excepción, tanto Chile como Argentina han derogado sus respectivas leyes de punto final. La impunidad continúa.

No es de extrañar que el portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando, se refiera en sede parlamentaria a las víctimas del franquismo de forma despectiva. “A mí me gusta que los muertos descansen en paz y esto de estar todos los días con los muertos para arriba y para abajo supongo que será el entretenimiento de algunos” visto lo que dicen algunos de sus jóvenes de Nuevas Generaciones, lo que nos lleva a pensar que la ultraderecha española está en el PP. Si no, no se entiende cómo este partido sigue apoyando al franquismo, a los franquistas, a Franco y a todo lo que en su día fue una dictadura.

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