Atado y bien atado

Un viaje de más de treinta días por tierras argentinas, por cualquier tierra, si quieres tomarle el pulso a lo que inquieta, a lo que interesa, a lo que preocupa a toda una población, hay tiempo para ello.

La primera noticia periodística que me impactó fue la de que el titular, ahora desplazado, de la Dirección Nacional de Aduanas, Juan José Gómez Centurión, que fue oficial del Ejército argentino y miembro de los “Carapintadas”, un grupo de militares de ultraderecha que en 1987 intentó dar un golpe de Estado contra el Gobierno de Raúl Alfonsín, democráticamente elegido tras el final de la dictadura militar (1976-1983), negó que la última dictadura tuviera “un plan sistemático” para desaparecer personas. Sus palabras generaron el rechazo de movimientos sociales, figuras políticas y secretarías del Gobierno.

En una entrevista televisiva, Gómez Centurión cuestionó la veracidad de la cifra que estima en 30.000 los desaparecidos de la dictadura argentina, reconocida por el Gobierno y diversas organizaciones internacionales. La redujo a menos de una tercera parte: “No es lo mismo 8.000 verdades que 22.000 mentiras” y sentenció además que durante el Gobierno de la junta militar “no hubo un plan para hacer desaparecer personas”.

El rechazo fue unánime, desde el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, quien sostuvo que “Gómez Centurión es cómplice de la dictadura”, al tiempo que apuntó contra el gobierno de Mauricio Macri: ”Quieren demoler la defensa de los Derechos Humanos, demoler la memoria”, hasta el presidente del movimiento de Servicio de Paz y Justicia (Serpaj) quien dijo que “aunque haya un desaparecido, es un crimen de lesa humanidad”, en referencia a la última dictadura.

“Taty” Almeida, activista por los Derechos Humanos e integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, declaró que “escuchar a Gómez Centurión es lamentable” y que “el exterminio vino del Estado”, “Es negar la historia, es faltarle el respeto a la historia de nuestros hijos. No aceptan el genocidio que hubo en la Argentina”.

Nora Cortiñas, titular de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, dijo “Gómez Centurión fue partícipe del último Golpe de Estado”, “Estos políticos han sido partícipes de la última dictadura y ahora quieren banalizar todo”, “Tuvimos juicios con jueces que actuaron con la Constitución en la mano. Hemos obtenido logros que nos han puesto a los ojos del mundo”.

El fiscal federal Ramiro González finalmente promovió una investigación penal contra Juan José Gómez Centurión, por “apología del crimen”, visto que el funcionario negó la existencia de un “plan sistemático” durante la última dictadura para la desaparición de opositores.

Al contrario que en España que tras el famoso “atado y bien atado” de Francisco Franco se ocultaba algo más que una simple declaración de intenciones de ese dictador que murió en la cama dejando en el poder al que era su sucesor a título de rey desde el año 1969. Un dictador que tenía a gala responder sólo ante Dios y ante la historia, y que no sólo logró su objetivo sino que consiguió que la transición que dio lugar a la Monarquía del 18 de Julio se construyera garantizando la impunidad total para juzgar los crímenes del régimen.

Así lo estableció el Tribunal Supremo, máximo órgano judicial, en la causa abierta para investigar las desapariciones forzadas del franquismo.

Incluso reconociendo el alto tribunal que hay abundante arsenal jurídico para catalogar como delitos contra la humanidad los hechos denunciados, en la medida en que las personas fallecidas y desaparecidas lo fueron a consecuencia de una acción sistemática dirigida a su eliminación como enemigo político, que “la búsqueda de la verdad es una pretensión tan legítima como necesaria”, dice también el Tribunal Supremo, que el problema es político y se produjo en la transición: “En España la doctrina que ha estudiado nuestra transición […] la ha calificado como un proceso de impunidad absoluta con indemnización a las víctimas”.

La seña de identidad de este Estado, de la marca España, lo que caracteriza a la reciente historia de España no son los crímenes fascistas sino su impunidad, como tampoco lo es la tortura sino la impunidad de los torturadores, a diferencia de otros estados que habiendo padecido dictaduras mucho más cortas y menos sangrientas han sabido ajustar cuentas con la historia.

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