Balti funciona

La absolución de la Infanta y la libertad de Urdangarín han sido la primera prueba de fuego del nuevo presidente republicano del Parlament. El silencio de Balti -porque hay que llamarle Balti- es su perfecta asunción del cargo. Después de los debates sobre la idoneidad de que un carpintero metálico, heavy y con piercing y melena fuera la segunda autoridad de Baleares, llama la atención que nadie se haya detenido a evaluar sus primeros plenos. Hasta el momento, impecable.

La neutralidad que se le exige desde la presidencia del Parlament queda de relieve cuando el popular Antoni Camps critica el carácter anticlerical de la izquierda en las islas al grito de “arderéis como en el 36”. Entonces Balti, pese a la dificultad por controlar su gesto, pide a las bancadas de PSIB, Més y Podemos silencio y respeto para el diputado del PP. Hasta cuando Més per Menorca pide turno por alusiones porque el PP les define de “sucursal de Més per Mallorca”, Balti niega la petición, consciente que el PP coparía los plenos si respondiera todas sus alusiones.

Balti responde con elegancia incluso cuando se le cuestiona por ser sancionado por resistirse a la autoridad en la protesta contra el correbou de Fornalutx. De momento, Balti cumple. Está claro que en el tiempo que lleva hasta Xelo Huertas parecía idónea para el cargo, pero no está demás dejar constancia de ello. Con melena, con moño o con coleta, la lejanía de Balti del perfil habitual de presidente del Parlament le hacen asumir, de momento, el cargo con la humildad y el respeto que se merece ser la segunda autoridad de Baleares y representante de todos los ciudadanos de las islas.

Todo eso no quita que Balti es la exhibición de fuerza de Alberto Jarabo. El secretario general de Podemos en las islas saca a su partido reforzado después de tres meses de culebrón. Tras el escándalo de Huertas, los ataques cruzados y el circo montado, Jarabo no sólo se ve en disposición de pujar por mantener la presidencia del Parlament sino que impone y digita al sucesor. Hace valer la aritmética de sus ahora ocho escaños en el Pacto para no dar alternativa a su candidato y proponer que sea un hombre cuando el único acuerdo era que fuera mujer. Y con el escollo de ser un carpintero metálico, heavy y con piercing y melena. Por ahora, Balti funciona. Y a Jarabo, más.

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