Bárbara (del) Rey

Hay que tener muchos redaños para ser monárquico. Y para muestra un botón. Nuestro Rey emérito, dimitido por propia voluntad hace dos años, ha desaparecido de los medios para dejar el  protagonismo a su hijo. Se le ve feliz, con su amplia carcajada. De tanto en tanto reaparece en un emirato árabe donde goza de muy buenas amistades muy “útiles” para la Marca España, y/o en restaurantes de nota (estrellas Michelin) donde da muestras de su buen yantar. Alguna que otra aparición obligada con Sofía, reina emérita por razones del cargo. Hasta aquí nada nuevo bajo el sol.

Pero… hace escasas fechas un diario digital, OKDiario, inició un serial (que todavía continúa) sobre los amoríos de Juan Carlos. Hasta aquí la novedad era y es escasa porque era, y sigue siendo, un secreto a voces las querencias del ahora Rey emérito. Hasta en nuestra isla tenía sus apetencias. En concreto la “información” del diario digital se centraba y sigue centrándose, en Bárbara Rey que fue su amante largos años.

Pero… la noticia se embrollaba cada día más. Agentes del CNI  “entrando” en la casa de los padres de la susodicha en busca de fotos, videos… que podían comprometer. El anuncio, con pelos y señales, de un chalet, ¡propiedad del CSID!, usado como nido de amor. Y otras mil lindezas.

Pero…la bomba es que a Bárbara le ofrecieron 500 millones de pesetas (3 millones de euros) pagaderos en cómodos plazos mensuales a cambio de su mutis. Y además tales dineros procedían según el medio de los fondos reservados, léase de fondos públicos.

Mi comentario será muy breve. Cada quisqui, incluido el Rey, es libre de “hacer de su pan unas tortas” mientras no tengamos que poner los panes los demás. Los amoríos, plurales y extensos, de Juan Carlos (¡siguiendo los buenos hábitos borbónicos!) me importan un bledo siempre y cuando no le distrajeran de sus funciones y de sus deberes reales, y que sus placeres se los pagara de sus dineros. Algún riesgo parece se corrió con Corinna en sus labores de intermediaria y comisionista en la consecución de multimillonarios contratos que podían “caer” en empresas españolas. Y lo peor, de ser cierto, es  que los españolitos de a pié pagamos de nuestros bolsillos el millonario despido “en diferido” de Bárbara Rey.

Las noticias siguen goteando, y aunque sea en cuentagotas se extienden. De momento no hay reacción alguna de la Casa Real y/o entornos. Ni conforma, ni niega, confiando que el tiempo escampe todos los malos vientos.

Mi comentario es muy breve… Como mínimo debería exigirse al emérito que devuelva ¡aunque sea a plazos!, los milloncetes procedentes de los Fondos Reservados. Mi pesimismo es total.

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