Cabreados, molestos, desconcertados…

La semana transcurrida se armó la Marimorena, visto lo visto, en torno a los contratos obtenidos por el economista Jaume Garau, autor de la excelente de la campaña electoral de MÉS, precisamente en diversas Consellerias y en la área de urbanismo de Cort, gestionadas por la formación econacionalista.

Cese o dimisión de la Consellera de Trasparencia y su equipo, lo que conlleva una respuesta airada de Més per Menorca (partido autónomo de Més per Mallorca) porque el área y el equipo de Ruth Mateu pertenecen a tal partido. Rompen la baraja, aunque no se conoce con exactitud la profundidad de la ruptura. La Consellería de Turismo afirma que tal contratación es legal, aunque admita cierta “inconveniencia”. Excesivos silencios, mientras Més expulsa a Jaume Garau. La Presidenta tuvo que dar la cara en una muy difícil rueda de prensa, sola ante el peligro. Los comentarios de los partidos de la oposición, como es normal, no se hicieron esperar: dimisión de dos Consellers, Turismo y Medio Ambiente, y/o Moción de Confianza.

Hoy parece que va a reunirse la Comisión Ética, mientras se buscan formas y maneras de deshacer entuertos, y remendar los descosidos. Pero los ciudadanos y ciudadanas también opinan. Basta pasearse por algunos bares, yo lo he comprobado hace escasas horas mientras me tomaba mi café matutino y ojeaba la prensa. Comentarios entremezclados de cabreo y malos humores.” Todos son iguales”, “son una banda de ladrones”, y otros epítetos subidos de tono.

Y por aquello de que la cabra tira al monte, durante el pasado fin de semana me he entretenido en seguir las redes sociales, especialmente referidas a colectivos, partidos y organizaciones, relacionados directa o indirectamente con la mayoría política que forma parte del Govern o lo apoya. Y lo mismo hice con diversos blogs. Sus reacciones pueden resumirse entre cabreados, molestos, desconcertados… La gran mayoría sigue esperando una explicación clara y coherente, incluida alguna dimisión, “aunque sea por simple decencia”.

Lo que me resultó más llamativo fue un cierto sentimiento de que “nos estamos cargando otra vez la posibilidad real de un gobierno de talante progresista”. Pero la historia no ha concluido todavía.

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