Cajón de sastre

Si no supiese a ciencia cierta que eso es técnicamente imposible, juraría que en La 2 de Televisión Española tienen a un infiltrado de la oposición confeccionando la parrilla de la programación. Basta con echar un vistazo a sus contenidos para empezar a dudar de la imparcialidad de ese señor o señora encargados de acometer el trabajo. ¿No me negarán ustedes, que buena parte de las películas que se emiten en horario de máxima audiencia son, en su gran mayoría, preocupantemente contrarias a los valores que defiende la formación política que se encarga de dirigir sus destinos desde hace ya cinco años, o que no favorecen en nada su buena prensa?

Salvo “Raza”, película de 1941 basada en un argumento de Jaime de Andrade, pseudónimo como saben del Generalísimo Francisco Franco, y alguna que otra antigualla del todo reaccionaria, el resto de las proyecciones las podríamos catalogar cuando menos de capciosas. Me estoy refiriendo en concreto a largometrajes que sacan a colación temas tabú para determinadas mentes que son, más que obtusas deliberadamente simples. Y es que no hay mayor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que se niega en redondo a escuchar. De tal modo que no es de extrañar que, a día de hoy, todavía no se haya puesto orden alguno a esa suerte de filmoteca del diablo.

Tamaño despliegue de insensatez no sucede ni por asomo en La 1, donde a sus responsables les falta tiempo para despedir, o condenar al ostracismo en el mejor de los casos, a todo aquel que osa frivolizar con el guión previamente establecido por los gerifaltes de la cadena. Buen ejemplo de ello son los informativos y la mayoría de las tertulias, entre las que resulta prácticamente imposible encontrar un invitado que no comulgue con las ideas de la cadena; y si lo hay, que pocas veces lo hay, su presencia acaba resultando puramente anecdótica.

Imagino que el Partido Popular no hace nada que no haría otra formación política, de hallarse asimismo en una posición tan ventajosa quiero decir. Después de todo la caja tonta es, por antonomasia, el elemento propagandístico por excelencia, mucho mayor que la radio, dónde va a parar. Por algo será, digo yo, eso de que una imagen vale más que mil palabras.

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