Cien días de gobierno

Cien días fue el período de exilio de Napoleón antes de reconstruir el gobierno y declarar la guerra a Prusia e Inglaterra. Cien días fue el tiempo que Roosevelt creó una agenda de reconstrucción del país en un contexto de crisis financiera. En cien días se puso en marcha el proyecto del New Deal y el congreso americano aprobó 15 grandes leyes.

Cien días es el margen de tiempo de cortesía que tradicionalmente se concede a los presidentes y sus gobiernos para emprender sus políticas.

Los cien días de gobierno de Francina Armengol representan un punto de inflexión el fondo y en las formas. Partíamos de una expectativas muy elevadas -la gente estaba hastiada y votó cambio- y creo, honestamente, que se están haciendo las cosas bien, que las cosas importantes, se están llevando bien.

Gobernar es priorizar y este gobierno está demostrando que otra manera de hacer las cosas es posible: que existen otras recetas a los recortes y políticas austericidas de la derecha. Y no es tarea fácil cuando se tiene una espada de Damocles como es el un techo de gasto que deja muy poco margen de maniobra a las comunidades autónomas y con un déficit de casi 9000 millones de euros (sí, éste es el déficit que nos dejan los que se las dan de grandes gestores).

Recuperar todo lo que esta sociedad ha perdido con la crisis como coartada para el impulso del proceso destructor de nuestro Estado del Bienestar orquestado por el Partido Popular no será tarea de dos días. Por lo pronto, en este inicio de curso escolar se han incorporado 364 nuevos profesores a las aulas, lo que permite el incremento de la calidad educativa. Las primeras medidas han sido de rescate ciudadano, priorizando a los colectivos más vulnerables que requieren de mayor protección por parte de lo público. Lo primero han sido aquellas personas que lo están pasando mal por la crisis, pobreza y precariedad laboral. En un tiempo récord se ha devuelto la tarjeta sanitaria a todas aquellas personas a las que la derecha excluyó buscando chivos expiatorios de la crisis. Una decisión que nos hace más solidarios y dignos como sociedad. Conscientes de la pobreza y de que se podía hacer mucho más, se ha puesto en marcha un plan de emergencia social en las escuelas para garantizar los niños y niñas vayan a clases bien alimentados. Luchar por la equidad es trabajar para que en las aulas nuestros niños no se desmayen de hambre y puedan seguir sus clases. La educación es el mayor ascensor social que existe y rompe el determinismo de clases.

Se ha lanzando un potente plan para jóvenes y otro para mayores de 45 años -colectivos prioritarios para la Conselleria de Treball- , se está trabajando para que el año que viene sea una realidad la renta básica progresiva, que asegure unos mínimos vitales de bienestar ciudadano para vivir con dignidad. Se ha firmado un acuerdo con la SAREB (banco malo) para ampliar el parque de vivienda social en 75 nuevas viviendas y se ha actuado -a mitad de temporada turística- de una manera muy contundente contra la explotación laboral. Los resultados son excepcionales: más 4000 trabajadores han visto mejoradas sus condiciones laborales, casi 2000 personas han pasado de un contrato temporal a definido, a más de 450 trabajadores se les ha ampliado la jornada y 106 personas detectadas que estaban en la economía sumergida, ahora tienen contrato.

En este corto período de tiempo hemos acabado con el símbolo de una imposición: el TIL y con nuestra particular ley mordaza, la ley de símbolos y desde el Parlamento se trabaja a todo gas para que veamos lo antes posible materializadas las iniciativas legislativas pactadas en los “Acuerdos para el Cambio”.

En estos cien días se han puesto las primeras piedras de un nuevo modelo de relación con el gobierno central y 2016 será clave para abordar el tema de la financiación. Cambiaremos el modelo fiscal autonómico para que quienes más tengan más paguen y se están poniendo las bases de un cambio en el modelo productivo que pasa por tres elementos: la innovación y el conocimiento, la transición energética y el cambio climático y la diversificación turística de la mano de una industria turística de más calidad. Durante meses se ha estado trabajando para poner en marcha el próximo año un impuesto de turismo sostenible a los turistas, una buena iniciativa que tienen multitud de ciudades europeas que nos permitirá mejorar nuestro medio ambiente e industria turística desde la excelencia.

Cien días para cambiar el rumbo en el fondo y en las formas. Para devolver la confianza de la ciudadanía en las instituciones, para que tanta gente hastiada y escéptica vuelva a creer en la utilidad de la política para transformar sus condiciones de vida, la de sus vecinos. Estos cien días auguran muchos cambios para dejar de hablar de recortes, austeridad y destrucción de los servicios públicos y comenzar a hablar de proyecto de país, crecimiento y solidaridad.

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