Cierre, pero para reabrir

Introduzcamos matices a la noticia que se difundió esta semana sobre el cierre de la televisión pública griega: el Gobierno acordó despedir a todos los trabajadores, algo menos de 3.000 personas, y cerrar la empresa porque sus costes eran desmesurados, superiores a los 250 millones de euros anuales. Pero el matiz es que inmediatamente va a contratar a 700 nuevos trabajadores y recrear una televisión pública más pequeña, sin los vicios acumulados durante años. Entre ellos, afirman, la televisión griega tenía seis diferentes departamentos de contabilidad, incomunicados, que gastaban cantidades ingentes de dinero, aparentemente sin control alguno.

Es decir que no estamos ante sólo un cierre, sino ante una reconversión súbita. Lo único que el Gobierno quiere mantener y preservar de la vieja televisión, son los archivos, al parecer de primera importancia para el país.

La televisión griega, a diferencia de la española, se paga con una aportación de 4.30 euros mensuales que los ciudadanos abonan en el recibo de la luz. En nuestro país, la televisión se financiaba parcialmente con publicidad pero desde que nuestro incomparable presidente Zapatero puso orden, ya sólo acude a los Presupuestos Generales del Estado (para satisfacción de Berlusconi, propietario de Telecinco y de Lara, propietario de Antena 3). Las autonómicas, como TVE, también se financian con cargo a los Presupuestos autonómicos, por más que digan que se complementan con una publicidad que no existe.

No entremos en más detalles, porque todos ya sabemos la función que tienen las autonómicas, quién se beneficia y cómo son utilizadas por el poder. Nada nuevo, por mucho cambio que haya de gobiernos.

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