Ciudadanos ante las generales

Nada más conocerse los resultados de las últimas elecciones en Cataluña algunos miembros significados del Partido Popular se apresuraron a señalar que las razones de su descalabro se debían al robo (sic) de votos sufrido por el partido de la gaviota a manos de Ciudadanos. La realidad fue distinta según Sigma Dos, pues únicamente 19 de cada cien votos llegaron al zurrón de Inés Arrimadas procedentes de antiguos votantes populares. Fue entonces cuando, como apoyo a la tesis de Génova, alguien desempolvó una encuesta del CIS de mediados de mayo en la que se demostraba algo tan evidente como el hecho de que la mayor parte de los votos a Ciudadanos en las autonómicas procedía de anteriores votantes del Partido Popular. En el caso de Baleares, por ejemplo,  el porcentaje de votos provenientes del partido de José Ramón Bauzá habían alcanzado el 70%, el 10% procedía del PSOE y el restante 20% se repartía entre las demás formaciones minoritarias.

Habrá que convenir, y para ello no hace falta analizar encuestas, que los votos son propiedad únicamente de los votantes, quienes los prestan libremente a la opción que les parece más conveniente. Por tanto, no puede hablarse de robo y ni siquiera de hurto para definir el habitual trasiego de votos de una a otra formación. Por otra parte, no supone ninguna novedad que la mayor parte de los trasvases de sufragios provenga de los caladeros más amplios. ¿Por qué si no el partido de Albert Rivera se nutrió en Baleares en un setenta por ciento de antiguos votantes del PP y en Cataluña sólo del diecinueve?

La única realidad incontestable es la progresión ascendente de la formación naranja merced a propuestas coherentes e ilusionantes, pero claro, éste es un detalle difícilmente asumible por parte de cualquier formación, ya sea el PP, el PSOE o Podemos, que ésa es otra. El mayor mérito de Albert Rivera, desde mi punto de vista, radica precisamente en las críticas sufridas ad hominem y a su partido por parte de sus contendientes, incapaces de rebatir sus propuestas con seriedad. Mientras Javier Maroto sitúa a C’s en el “centro izquierda” Pablo Iglesias sostiene que se trata de “la marca blanca del PP” y Pedro Sánchez quiere demostrar que representa el centro derecha. El joven líder catalán, por su parte, difiere de tales estrategias. Evita etiquetar a sus adversarios, está siempre dispuesto al debate y se muestra comprensivo, conciliador y firme a la vez en sus convicciones.

La gran duda, de cara a las generales, es averiguar si Ciudadanos será capaz de superar sus propios registros. Algunos de sus adversarios deberían suspirar por ello, pues podría representar su tabla de salvación.

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