Conocimiento y tradición (II)

La tradición genera el tipo de identidad filosófica que uno quiere tener. Pero todavía más, genera un ethos, un conjunto de prácticas y de estándares epistémicos que delimitan lo que es conocimiento y lo que es ignorancia. En otras disciplinas nos encontramos con situaciones aún más radicales que en Filosofía. Por ejemplo, en economía el marxismo y toda su jerigonza han desaparecido, lo mismo que la llamada economía austríaca. De hecho, los economistas, como los médicos, tienen manuales de referencia como Mankiew o Samuelson, como Farreras-Rozman o Harrison en Medicina. En Psicología, el psicoanálisis es disciplina proscrita mientras queda relegado a algunas facultades de Filosofía y en las mal denominadas ciencias duras, en aquellas que se logran verdades y auténticos seguidores, la reflexión básica y fundamental queda en la cabeza de aquellos pocos que logran poner en cuestión lo dado por las respectivas tradiciones académicas. El programa logicista desapareció, como el criterio de prueba o verdad matemática ha sido discutido y ha ido cambiando a lo largo del tiempo. Nada como ignorar la historia para decir que la ciencia acumula verdades sin más y va en línea recta coronando un hito tras otro.

Asumir que en cualquier empresa racional hay tradiciones va ligado a valores morales y epistémicos como la tolerancia o la búsqueda de la razonabilidad frente a la razón imperial. En este sentido me gustaría recordar dos metáforas, ambas provenientes del mundo anglosajón. Será que, como la verdadera religión, ya no se la creen ni en Roma. La primera de ellas me generó auténtico horror cuando era estudiante de 23 años absolutamente apegado a los principios del «movimiento (analítico)». Fue Nancy Cartwright y su libro Dappled World (1999) La portada, ilustrada con un dibujo como el siguiente

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se oponía a la imagen del saber heredada del positivismo lógico y que se representaba por medio de otra imagen como era esta otra:

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Sé que algunos filósofos de la ciencia se han dedicado al estudio del valor de las metáforas en la ciencia, del mismo modo que éstas tienen un papel notable en textos como la KrV o la Fenomenología del Espíritu. De esto puede decirse «nihil novum sub sole», un mediterráneo redescubierto o, lo que es lo mismo, una reactualización del dictum aristotélico «Todos los hombres tienen naturalmente el deseo de saber. El placer que nos causan las percepciones de nuestros sentidos son una prueba de esta verdad. Nos agradan por sí mismas, independientemente de su utilidad, sobre todo las de la vista. En efecto, no sólo cuando tenemos intención de obrar, sino hasta cuando ningún objeto práctico nos proponemos, preferimos, por decirlo así, el conocimiento visible a todos los demás conocimientos que nos dan los demás sentidos. Y la razón es que la vista, mejor que los otros sentidos, nos da a conocer los objetos, y nos descubre entre ellos gran número de diferencias». En efecto, el pensamiento mucho debe a la vista y no en vano la metáfora capital del conocimiento es la visual, tanto que la verdad no es sino quitarse la venda de los ojos y ver la luz.

El abandono de la pirámide me hizo temblar, cual momia conservada dentro de ella, me hice añicos al orearme con lo que podrían denominarse «los aires –o el vendaval- de la posmodernidad en la filosofía de la ciencia». Sin embargo, valió la pena. La siguiente metáfora generó un efecto agridulce en mí. Se trataba, una vez más, de Sellars y su conocida frase «la ciencia es la medida de todas las cosas» eso sí, ni una ciencia piramidal ni una serpiente hegeliana y no menos ponzoñosa. La dulzura resultaba de condenar lo dado o el positivismo para… y aquí venía el aspecto más agrio, acabar volviendo a otro mito de lo dado, «la ciencia», la empresa racional que no dejaba de ser eso: la razón, ahora desubstancializada en parte aunque no menos desvitalizada pues tanto su génesis como su desarrollo quedaban bien claros en la reconstrucción casi fabulada que el propio Sellars hacía de la misma. La razón no era otra que la denominada imagen científica que, por muy tipo ideal que se pretendiera, ahí estaba marcando su territorio. Y he aquí que no es esa la racionalidad que busco, sino una más débil o más flexible. De forma que lo que quiero es una racionalidad acorde con mi estar en el mundo y no con el mero ser de las cosas.

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