Contigo empezó todo

Sí, una frase tonta y desafortunada que levanta ampollas. Pero sintomática en este aldeano  mundo, el nuestro, donde hasta un profano en beligerancia sabe aprovechar el más mínimo signo de “caos doméstico” como propicio caldo de cultivo para extraer oportunistas ganancias a “río revuelto”. Porque en eso consiste el interesado augurio de un negro cataclismo  al cuestionarse, después de casi cuarenta años, el arbitrario y todavía efectivo reparto de la herencia del franquismo. La historia de siempre, la defensa numantina de lo intocable contra los hunos que siempre son los otros. Los que ensucian, bloquean, rompen, hunden España y pretenden segar la hierba bajo las patas de los caballos patrios.

¿Qué pasó con la Modélica Transición? Pues, que no era tan niña ¿Y qué de la democracia? Aquella, siempre ganadora en las noches del recuento de votos, que ahora  -cuando unos, antes tantos, se quedaron en tan pocos-, está perdiendo hasta el “sentío”.  Los pactos son traición. Sumar es imposible. Abstención no es solución. Volver a votar, un gran error. Cuidado que Europa con la tranca nos espera.

Hasta ahora –al parecer- la gran masa votante nunca se enteró de que jamás elegía presidente y solamente votaba listas parlamentarias. Elegir presidente ha sido cosa reservada a listos parlamentarios –previa regia venia fotográfica- repartiéndose el cargo siempre, pues aprendieron a cernir convenientemente los votos en el trucado embudo de los escaños. Un resabiado invento de los avisados padres constituyentes, atendiendo al escarmiento de la II República. Y así, hasta hace poco funcionó el tácito pacto de un bipartidismo felón, aparentando que el origen de la suerte de sus cargados dados provenía de los siempre acertados dedos votantes.

Todo iba bien hasta que la avaricia rompió el saco. Bajo la consigna de “no hay sociedad, solo individuos” y “no hay alternativa”, una despótica política neoliberal impuesta por el G7 en Cancún -al margen de la ONU y en contra de una mayoría de países no-alineados que ya proponían un Nuevo Orden Económico Internacional- inauguró una avalancha de fraudulentas desregulaciones en favor del  taimado y especulador capital financiero, bajo el presuntuoso título de “Consenso de Washington”. El resultado, una de las peores crisis de la economía mundial con generalizada bancarrota internacional, pero con la astuta variante que, mediante eufemismos como “reformas estructurales”, allí donde “no había sociedad” se han socializado las pérdidas y han resultado los pobres  y desahuciados  individuos quienes hemos pagado los platos rotos, rescatando a la tramposa banca del suicidio.

Y en nuestro caso, mientras el reparto de culpa se convertía en el oremus nacional -“por mor de Zapatero”, “no, de Aznar”, “qué va, de Rajoy”, “de Bárcenas”, “de los ERE”, “del disco duro”, “del caloret”-  en la Puerta del Sol un día aparece, acampa y amanece un fenómeno, el 15M, y salen con aquello de “son casta” y “no nos representan”.

Son ya algunas las generaciones que, -además de no haber mamado el “pelargón” del poco mendrugo y el mucho miedo, ni la exhausta fatiga de lo inamovible-, son desenvueltas, tienen  estudios, son más sabidas y algo despendoladas. Ya no comulgan con re-ostias, sagrada prensa, misa dominical y otras tantas milongas y piedras de molino. Tienen más leyenda, ya no cuentan con los dedos y aunque de mucho pelo, poco tienen en la lengua,  que “aquí no hay pan, pa tanto chorizo”.

“Pues, menos acampar en la plaza y qué se presenten”. Y ya están aquí y ese cuento de “la lista más votada” o “ahora me toca a mí”, ya no cuela. La suma de los “en contra” (28 millones de los 35), ahora, también cuenta, por activa o por pasiva; por convicción o por vergüenza ajena. Y eso empieza a ser otra cuestión y es bueno recordarlo, a pesar de que un tropel de tertulianos -“serviles vientres a sueldo” del IBEX35 y de los grandes bloques de mass media- están presionando para recomponer la situación, ”si el bipartidismo ya no da, que sea coalición”, pero de repartir la tarta entre todos, ni hablar. Porque esa es la cuestión de fondo manque le disfracen de “responsabilidad de Estado” o de preservar la “estupenda macroeconomía”.

Posiblemente esta sea la puerta de escape, pero, “de momento”. Si no hoy será mañana, con o sin el CIS, pero nuevos tiempos alumbrarán.  La pirámide de edad y la esperanza de vida juegan en contra de ese primitivismo cavernícola del establishment nacional al nutrirse con la dieta exclusiva del tardo franquismo. “Faves contades”.

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