COP21: lo Local y lo Global (I)

Estos días ha surgido de nuevo en Baleares una controversia planteada entre los ecologistas “oficiales” y la iniciativa privada a propósito de una llamada “macro planta fotovoltaica” que se pretende construir en el municipio de Llucmajor. Mi primera reacción previa a la reflexión ha sido contraria a dicha iniciativa, sin embargo, algo chirriaba respecto a los argumentos “oficiales”.

Con posterioridad a mi primera reacción he intentado racionalizar que era lo que no encajaba entre mi argumentario y el de los conservacionistas y he dado con ello al recuperar el término que a ellos mismos se adjudican: Conservadores.

En efecto, la reunión de París y nuestra actitud hoy puede y debe ser muchas cosas, pero en absoluto “Conservacionistas”  necesitamos enfoques rupturistas y radicalmente revolucionarios para conseguir objetivos limitados.

Si no deseamos ver nuestro territorio insular abocado a la desertización necesitamos algo más que un urbanismo no expansivo, necesitamos la adaptación de nuestra silvicultura a un modelo que fije el suelo y garantice las reservas superficiales y subterráneas de nuestros acuíferos. Sin embargo la política territorial, la de los depredadores y la de los conservacionistas, no han abordado una acción decidida respecto a las infraestructuras como demuestran las consecuencias de cada temporal o aguacero que cíclicamente inundan las carreteras, el litoral urbano  y provocan daños en nuestras infraestructuras portuarias

Cuando revisamos nuestra acción respecto al abastecimiento de agua en los últimos 40 años no podemos más que criticar su cortoplacismo y la ausencia de criterio medioambiental al actuar condicionado por intereses muy locales: abastecimientos sobredimensionados y atendiendo exclusivamente intereses de la industria turística. Exactamente igual con el tratamiento posterior de estas aguas orientado exclusivamente al mantenimiento de la “calidad” de las playas

Nuestra acción respecto a la suficiencia energética que el estándar de la sociedad de consumo por excelencia ha dictado; ha ignorado totalmente las necesidades globales y ha satisfecho la voracidad de la burbuja financiera en la cresta de la crisis obviamente a contracorriente de lo que la lógica medioambiental consideraría prudente

Garantizar la conectividad y movilidad se ha convertido en la prioridad de nuestras infraestructuras lo que las ha sobredimensionado más allá de toda lógica, con consecuencias negativas de todo tipo: exceso poblacional, parque móvil disparatado, todo ello en función de intereses corporativos de nuevo cortoplacistas,

Sin embargo, lo más irritante es que la política de los “Nuevos” y de los “Viejos” no tiene entre sus prioridades el enfoque global que urge nuestro planeta. Ni siquiera lo que necesitan realmente sus vecinos

Me comprometo a ir abordando a lo largo de la próxima quincena un seguimiento Local de lo que la COP21 vaya definiendo como Global; una aportación necesaria pero seguro que no suficiente.

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