Cospedal y el sueldo de los diputados manchegos

La experiencia y por descontado la edad determinan que tienda a relativizar la procedencia ideológica de las decisiones y discurso de los cargos públicos y su entorno mediático. Intento alejarme de apriorismos, en definitiva procuro no prejuzgar que la derecha es la reencarnación de Belcebú y la izquierda el paraíso terrenal, o viceversa. Aunque este ejercicio de mesura -no siempre conseguido- pueda resultar positivo, no pecaré de ingenuo al no percatarme que algunos relevantes miembros del PP muy a menudo apestan a azufre antidemocrático.

La iniciativa de la Presidenta Cospedal de dejar sin sueldo a los parlamentarios de su Comunidad, entronca perfectamente en una estrategia, nada disimulada, de un sector de la derecha para meter la reducción de concejales y otros cargos representativos en la, por otra parte, necesaria reforma de la administración. Me cuesta admitir que la alcaldada de la también Secretaria General del PP sea solo una de las demagógicas y habituales cortinas de humo que los gobiernos suelen fabricarse para disimular medidas o decisiones impopulares. Digo esto porque, si este supuesto ahorro con los sueldos de los parlamentarios fuera una manipulación más, resultaría harto torpe el intento. La hoja de servicios del Gobierno Manchego y de la propia Presidenta, según se lee, da mucha cancha a sus detractores.

Entiendo por lo tanto que no es simple casualidad este insistente empeño de relacionar el concepto de eliminación de cargos electos o en este caso de supresión de sueldos, con la de la austeridad y eliminación de gastos innecesarios. Tal asociación de ideas resulta democráticamente muy peligrosa; fijémonos que casi siempre se incide de forma negativa sobre cargos representativos y muy pocas veces sobre ocupaciones de libre designación. Critico el actual status abusivo de muchos diputados y sobre todo la reticencia de los partidos políticos a cambiarlo. Sin embargo el problema entiendo no reside en la cantidad de concejales y diputados y tampoco en lo que cobran (obviamente deben eliminarse privilegios). El quid de la cuestión está en que sus señorías y todos los cargos públicos “trabajen” y se curren el contacto directo –ahora inexistente- con sus electores. A lo mejor no debiera ser compatible el cargo de diputado con otras actividades públicas y/o privadas o quizás la Presidenta Manchega y Secretaria General del PP debería dedicar todas sus energías, que buena falta hacen, a quienes la votaron y pagan su sueldo, en lugar de dedicarse –demasiado a menudo parece que con exclusividad- a tareas de partido (tal vez para acrecentar su status en el PP)
Sintetizando: eliminar o amordazar diputados negándoles sus justos emolumentos, y encima que los más perjudicados sean aquellos con menos posibilidades económicas, huele que apesta. Tal demagogia es un ataque a la línea de flotación de la democracia, además peligrosísima.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *