¡Cuál gritan esos malditos!

No, no se trata de narrar algún acontecer en el Congreso de los Diputados del Estado Español, la frase tiende a ser elevada a la primera línea de mi escrito en honor de quien pusiera el primer verso de la primera estrofa en una de las piezas teatrales más representadas la noche víspera del 1º de Noviembre: Don Juan Tenorio.

Su autor un poeta romántico, mujeriego y aventurero que nace un 21 de Febrero de 1817 en Valladolid, cuna de la cultura castellana; Don José Zorrilla. Y le traigo aquí al tiempo de recordar los 200 años transcurridos desde su natalicio, también por el hecho de que la figura del carnaval estuvo presente en varias obras líricas, de leyendas y poemas dramáticos. Probablemente la más conocida es la que arranca con la expresión del título, y las máscaras con la que ocultan su rostro y por ende sus identidades los participantes en el primer acto y en consecuencia su obra.

Valladolid en el bicentenario de su nacimiento quiere homenajear a quien a pesar de haber vivido en Burgos, Sevilla y Madrid entre otros territorios, nunca dejó de recordar a su pueblo y a sus gentes.

Y en carnaval en ese mismo primer acto de Don Juan, sus personajes principales aparecen cubiertos sus rostros con antifaces y máscaras. Así se lo dice a Don Gonzalo de Ulloa, comendador de Calatrava, Buttarelli, tabernario de la hostería en cuyo local se desarrolla ese primer acto …

“Las fiestas de Carnaval
al hombre más principal
permiten sin deshonor
de su linaje, servirse
de un antifaz, y bajo él
¿quién sabe, hasta descubrirse,
de qué carne es el pastel?

Hemos pues roto todos los esquemas que la tradición popular pasando a recordar al libertino Don Juan por razones carnavaladas en lugar del último día de octubre de cada año.

21 de febrero de 1817, una fecha para recordar y vanagloriarnos del feliz acontecimiento.

José Zorrilla, católico convencido no pierde ocasión para poner en el pentagrama de su literatura a personajes que resuelvan la forma de dejar constancia de su religiosidad, a pesar de que hay quien considera su obra cumbre como el espíritu a título de la autobiografía de sus sentimientos y con frecuencia su forma de comportarse. Títulos como “A buen juez, mejor testigo”, “Ira de Dios”, “La Virgen al pie de la Cruz” y hasta incluso “Don Juan Tenorio” dejan buena constancia de lo dicho.

El poeta romántico-legendario, ferviente admirador y amigo de Víctor Hugo, Alejandro Dumas, George Sand y José de Espronceda, paseante impenitente, conoció Burdeos, París, Londres, Roma, varias capitales europeas y españolas, y hasta incluso residió 11 años de su vida en México siendo ocupado como director del Teatro Nacional.

De su “A buen juez, mejor testigo”…

Jesús, Hijo de María / ante nos esta mañana / citado como testigo / por boca de Inés de Vargas,
¿juráis ser cierto que un día / a vuestras divinas plantas / juró a Inés Diego Martínez / por su mujer desposarla?
Asida a un brazo desnudo / una mano atarazada / vino a posar en los autos / la seca y hendida palma, / y allá en los aires “Si juro”, / clamó una voz más que humana.

En estos momentos en los que la judicatura en España anda echando horas extras porque se les amontona el trabajo, habrá quien suspire por tener un testigo como el del vallisoletano para que puedan emitir sentencia sin tener que pasar por aquel “Juráis decir la verdad…”, y así resolver el problema que genera los trámites de tanta deliberación. Si se trata de jurar decir toda la verdad, mejor testigo imposible.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *