Cuando las bicicletas no son sólo para el verano

Me confieso un admirador del trabajo que Angélica Pastor realiza cada día al frente de su área municipal en Palma como Concejal de Seguridad Ciudadana. Muchos son los temas espinosos a los que se ha tenido que enfrentar para resolver los problemas del área por lo general y aquellos que se van planteado en el día a día. Probablemente el más sangrante ha sido el de la corrupción de algunos de los miembros de la policía municipal, pero otros de menor enjundia también han sido tratados como si de una experimentada política en la ejecución de sus responsabilidades se tratara

Probablemente sobre su mesa de despacho se amontonen los problemas en versión papel para intentar encauzarles por el mismo camino, y puestos en esta razón quisiera añadir uno más con planteamiento virtual; aquel que deba evaluar la connivencia de los peatones y los ciclistas que ambos circulan por las aceras de nuestra querida ciudad.

En una entrevista radiofónica a Don José Hila, en su condición de pretendiente a la Alcaldía de Palma y hoy Alcalde, le planteé la cuestión por si en sus catálogo de temas a poner en marcha figuraba el de resolver esta cuestión. El Sr. Hila se despachó con un lacónico… “hemos de aprender a convivir los peatones y los ciclistas”. Y no le quito la razón, solo que falta saber como se va a plantear esa convivencia, porque por mucho que he intentado encontrar alguna definición que se haya constituido en norma de comportamiento no me ha sido posible alcanzarla. Para una muestra, algunas de ellas…

“Una acera, banqueta, vereda o andén es una superficie pavimentada a la orilla de una calle u otras vías públicas para uso de personas que se desplazan andando o peatones.

Parte de la calle situada a cada lado de la calzada, pavimentada y ligeramente más elevada que está, destinada al paso de peatones.

Parte lateral de una calle o vía pública, destinada a los peatones.”

Y si lo que se pretende es obviar de cualquier definición el concepto actual de “acera”, me parecería razonable que así nos lo hicieran saber por quienes tienen la obligación de velar por la seguridad de los ciudadanos. No les recomiendo la circulación por la calles de Manacor y la de Manuel Azaña. La primera es un continuo caminar con el corazón en un puño por que hasta muchos de los que cabalgan sobre dos ruedas se abren paso tocando el timbre. Lo de la circulación por la otra calle antes citada, es para nota. A diferencia de la primera, la de Manuel Azaña cuenta con una ciclo vía, pues ni por esas, muchos ciclistas la utilizan pero otros prefieren circular por la acera de enfrente, muy transitada por peatones.

Y a todo esto ¿como se tipificaría el hecho de que un peatón fuera arrollado por un ciclista sobre una acera?, ¿a quien condenamos y le hacemos pagar el desastre?. Sabemos que la normativa vial obliga a los vehículos cuyos peatones circulen por una calzada que no haya aceras lo hagan a la velocidad de un peatón, y si en una calzada existiera en uno de los lateral una acera, los peatones están obligados a circular por sobre de ella. ¿Qué tal si se reglamentara que puestos a tolerar que los ciclistas compartan con los peatones espacio de circulación, se obligara a que los primeros lo hicieran a la velocidad de un peatón que se plantea en 4 kilómetros a la hora?

La policía local debería cortar este desmán aunque me consta que los ciudadanos ponemos muy poco de nuestra parte para evitarlo. Hay usuarios de las dos ruedas que en lugar de circular con precaución lo hacen como si se estuvieran entrenado para participar en el Tour de Francia.

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