De las llamadas puertas giratorias

Estos días está siendo polémico el nombramiento de don Arsenio Fernández Mesa como consejero de la empresa Red Eléctrica Española (REE). Es evidente que las personas que han estado en el servicio público tienen derecho a retomar su vida cuando han cesado en el cargo y recuperar trabajos y costumbres.

El problema surge cuando esas personas no sólo no recuperan su cargo sino que el cargo que ocuparon ha servido de trampolín para una canonjía en el sector privado con unas remuneraciones muy importantes.

El ejemplo el señor Trillo, el cual solicitó su reingreso en el cuerpo de Letrados del Consejo de Estado, me parece lo más normal del mundo. Ganó esa plaza mediante un concurso oposición y la legislación le ampara; se ha limitado a volver al trabajo que tenía antes de dedicarse a la política.

He leído con interés el curriculum del señor Fernandez Mesa y sus méritos y formación para ser la persona idónea para ser consejero de REE; no he encontrado nada de mérito que explique ese nombramiento. No es un experto financiero ni tiene una formación específica en el objeto social de la empresa, nos queda pensar que el cargo viene por la experiencia como Director General de la Guardia Civil. Aunque soy incapaz de ver la relación.

Pero francamente este tema me da bastante igual; les explico: no soy accionista de REE por lo tanto su voto en el consejo de administración no me afectará de manera directa; la electricidad seguirá circulando por los tendidos eléctricos vote lo que vote el señor Fernández.

Quien debe estar molesto con el nombramiento no soy yo sino los accionistas de REE que en la próxima junta general deben exigir al Presidente de la compañía que explique el nombramiento. Si no es capaz de explicarlo deben dimitir el señor Fernandez y el señor Folgado que en su vida anterior fue Secretario de Estado y Diputado, quizás beneficiado por una puerta giratoria, pero se me ocurren 170.000 razones para que ninguno de ellos dimita.

Por último y realmente preocupante es que las grandes empresas de este país están gestionadas, o tienen en sus consejos, a personas que están sólo para asentir lo que diga el CEO de turno, es decir que no morderán la mano que les da de comer… que pasen un buen día.

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