De las pensiones, los sindicatos y otras hierbas (I)

El día primero de mayo ya no es lo que era. Ante los pronósticos que apuntaban a que las marchas contarían con menos participantes, el secretario general de CCOO se curó en salud, el día uno, reconociendo que “la crisis no ha sido el caldo de cultivo para las protestas”, ¡no es raro que no vaya nadie a las manifestaciones, con declaraciones de este calado!

Según la prensa salieron a la calle en Madrid unas 12.000 personas, ¡ni siquiera se manifestaron los liberados y delegados sindicales que hay en la capital! (se calcula que en toda España hay más de 60.000 liberados sindicales, que cuestan a las empresas más de 1.800 millones de euros al año).

Si contamos, que también según la prensa, salieron en Palma unas 1.000 personas, podría parecer que proporcionalmente se manifestaron muchas, pero ¡oh error!, el mismo día por la tarde se reunieron en Alcudia, también según la prensa, más de mil personas para participar en una trobada solidaria de baile en línea (line dance), donde se vendieron cupones para el sorteo del oro de Cruz Roja y pulseras solidarias.

Con lo que podemos concluir que tiene claramente más atractivo para la gente asistir a una trobada solidaria de baile en línea que a una manifestación en reclamación de derechos sociales.

La lucha de los trabajadores de finales del siglo XIX por conseguir una jornada laboral de ocho horas fue la mecha que hizo explotar una huelga masiva en Chicago, una de las ciudades con peores condiciones laborales del país, la huelga se prolongó durante tres días más y se registraron violentos enfrentamientos entre la policía y los manifestantes que acabaron con casi una decena de muertos y múltiples heridos.

Por lo que, para conocer por qué se celebra el 1 de mayo el Día del Trabajador, hay que trasladarse hasta el año 1886 de Estados Unidos. Aquella época quedó marcada por la lucha que habían empezado los trabajadores para conseguir una jornada laboral de 8 horas y echar por tierra la norma que establecía la única limitación de no poder trabajar más de 18 horas seguidas sin causa justificada. No fue hasta tres años después, en el año 1889 que se declaró el 1 de mayo como el Día del Trabajador. La lucha obrera consiguió que las patronales accedieran a transigieran con la jornada de ocho horas, y este día quiere honrar a los trabajadores que lucharon para conseguirlo.

La crisis de la que habló Ignacio Fernandez Toxo quien el pasado 11 de marzo, a la edad de 64 años, anunció públicamente, ante el consejo general de CCOO, su renuncia a presentarse a un tercer mandato como secretario general, es la crisis económica que se inició en 2008 (enmarcada dentro de la crisis económica mundial de 2008 que afectó a la mayor parte de países del mundo, en especial a los países desarrollados) y, según la contabilidad nacional, concluyó en 2014. Aunque, hasta la actualidad (en pleno año 2017) la economía española no ha recuperado aun los valores previos a la crisis, en particular en cuanto a desempleo. Los efectos se han prolongado durante más de seis años y no sólo en el plano económico sino también en el político y el social.

El comienzo de la crisis mundial coincidió en España con la explosión de otros problemas: el final de la burbuja inmobiliaria, la crisis bancaria y finalmente el aumento del desempleo, lo que unido a la drástica disminución del crédito a familias y pequeños empresarios por parte de los bancos y las cajas de ahorros, las políticas de gasto llevadas a cabo por el gobierno central del Partido Popular, el elevado déficit público de las administraciones autonómicas y municipales, la corrupción política, la disminución de las pensiones públicas, el saqueo de la hucha de las pensiones, el deterioro de la productividad y la competitividad han sido otros de los problemas que también contribuyeron al agravamiento de la crisis, haciendo que la crisis se extendiera más allá de la economía para afectar a los ámbitos institucionales, políticos y sociales.

La atención de los principales medios de comunicación de este lunes pasado, Día del Trabajador, además de asuntos de actualidad como la corrupción y la situación laboralse ha centrado en el incremento del gasto en pensiones.

Es que la profunda crisis que vivimos en España desde 2008 ha sido aprovechada para crear una crisis en el sistema público de pensiones, al hacer que la Seguridad Social tenga en 2016 un déficit de más de 15.000 millones de euros.

Es bueno recordar que desde 2008 hasta finales de 2011 (pese a los claros errores de los gobiernos de Zapatero), con cuatro años de crisis a las espaldas, con un número de parados que llegaba ya a los cuatro millones y medio de personas, el sistema de pensiones no tenía déficit, e incluso se hacían aportaciones regulares al Fondo de Reserva.

Sin embargo, con la llegada al gobierno del Partido Popular con Mariano Rajoy al frente, en diciembre de 2011, es cuando el sistema público empieza a tener déficit en los ingresos de las pensiones, se deja de hacer aportaciones al Fondo de Reserva y se empieza a sacar dinero de dicho Fondo.

La nefasta política llevada a cabo por el partido popular ha provocado que el peligro para el sistema público de pensiones sea un peligro estructural y a corto plazo.

Este peligro está provocado por la ralentización de la recaudación por las cotizaciones. Mientras que el empleo subió por encima del 3% en el año 2015, las cotizaciones sólo crecieron un 1,30%, lo mismo que el PIB, déficit que se repitió en el año 2016 por la caída de ingresos por cotizaciones pese al alza del empleo Por tanto, las cotizaciones ya no dan más de sí. Han dejado de ser la fuente de financiación del sistema y del Fondo de Reserva porque los recursos se están agotando.

Detrás de este recorte de ingresos están la devaluación salarial, que ha reducido las bases reguladoras de cotización; el aumento del empleo temporal, de la afiliación a tiempo parcial, indefinida y eventual; la caída del trabajo industrial en favor de los servicios de menor valor añadido y sueldo; el incremento de autónomos con bajas cuotas; las subvenciones a la contratación; y la inflación negativa producto de la indecente política laboral del Partido Popular.

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