De las pensiones, los sindicatos y otras hierbas (III)

La crisis económica actual ha tenido, como sabemos todos,varias consecuencias, el aumento del paro, la existencia de unos salarios más bajos y, como reacción ante la incertidumbre, la disminución demográfica, y para más escarnioel Fondo de Reserva de las pensiones creado con el Pacto de Toledo está a punto de agotarse por el uso irracional, ilegal y no previsto que ha hecho el Gobierno español del Partido popular.

Últimamente, tanto durante 2016 como en lo que llevamos del 2017, se ha hablado mucho de las pensiones. Hay que tener presente que el Sistema Público de Pensiones ha tenido ya dos reformas durante los últimos cinco años y, en lugar de darle la estabilidad teóricamente buscada, no han hecho más que rebajar el poder adquisitivo de las pensiones y llevarlas, en muchos casos ya ahora mismo, a una situación que en lugar de permitir vivir sirven únicamente para sobrevivir con penurias.

Vemos que la economía  española creció un 3,2% en 2016 y sumó tres años al alza, tal y como señaló el INE (Instituto Nacional de Estadística) dependiente  del propio Gobierno del Partido Popular. Si miramos el paro en España ha bajado, en el mismo periodo, del 20,9% al 18,6% o sea que España ya encadena tres años de mejora laboral en su todavía maltrecho mercado laboral, el año 2016 ha acabado, según la misma fuente, con 413.600 ocupados más, un 2,3% más que el año anterior. Si tenemos un crecimiento de la economía acompañada de una bajada del paro, las pensiones deberían poder recuperarse lentamente. Frente a los dos datos anteriores tenemos que los salarios, han bajado de media un 0,3% entre septiembre de 2015 y 2016. Si miramos las cargas sociales, el dinero qué los empresarios deben depositar en la Seguridad Social, vemos que han bajado un 0,9 % gracias a las bonificaciones que se aplican a las cotizaciones. Por lo que interrelacionando estos datos vemos que las pensiones públicas no pueden recuperarse.

Las consecuencias de la reforma laboral, conjuntamente con la última reforma de las pensiones tienen ya un impacto nefasto en la situación económica de los pensionistas y, aún más, va a tener una peor en la de los futuros pensionistas. Crece la economía, hay menos paro pero la precariedad laboral y la devaluación salarial, promovida por la reforma que aprobó el PP, ha elevado la proporción de trabajadores pobres (los que, incluso con trabajo, no llegan a unos ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas) hasta el 13,2%, el tercer nivel más alto de la UE, después de Rumania y Grecia. Si la economía crece (más PIB), habría que averiguar dónde está la riqueza que se crea, en qué bolsillos se esconde.

España es uno de los estados de la UE que tiene unas pensiones más bajas. La actualización de las pensiones con un 0,25% de aumento, independientemente del IPC, no hace más que agravar la situación. En 2011, la pensión representaba el 72,4% del sueldo que cobraba el pensionista, y se prevé que en 2060 represente únicamente el 56%, según la OIT. Y esto se ve agravado por la aplicación de una fórmula de cálculo de la pensión que discrimina a los pensionistas de más edad, con una reducción mayor de la pensión. La aplicación de esta fórmula supone además un problema grave para las mujeres, porque tienen una mayor esperanza de vida. La reforma supone, asimismo, un aumento de la dificultad para poder aspirar a una pensión plena: la jubilación será a los 67 años, y se hará el cálculo basándose en los últimos 25 años cotizados y pidiendo 37 años de cotización para retirarse con el 100% de la base reguladora. Esto, en un momento de paro importante, puede convertirse en una losa para aquellas personas que han estado años en paro o que han tenido la desgracia de perder su empleo en los últimos años de su vida laboral.

El futuro será duro, según Luis María Linde, gobernador del Banco de España colocado por el propio Partido Popular,(Un menda, el tal Linde al quela Ley de Autonomía del Banco de España fijaba como causa de cese el cumplimiento de setenta años de edad, que cumplía esa edad en mayo de 2015. Pues bien en septiembre de 2012, el Gobierno del PP decidió cambiar la redacción de la norma suprimiendo ese apartado para que pudiera seguir), y nos recomienda a todos los otros pensionistas trabajar más allá de los 67 años (para poder pagar más a la Seguridad Social y poder cobrar menos tiempo la pensión) y depositar los ahorros en una pensión privada para compensar la pérdida de poder adquisitivo de la pensión pública. Esto, por supuesto, quien pueda ahorrar algo….porque de seguir a este ritmo, las pensiones del futuro año tras año serán más escasas y dibujarán un futuro de pensionistas empobrecidos.

Estas reformas, y las consecuencias que tendrán en un futuro, salen poco en los medios de comunicación y, cuando aparecen, a menudo es para presentarlas como exuberantes y financiadas por los jóvenes, unos jóvenes a los que se dice que, debido a la generosidad de las pensiones actuales, éstas no podrán subsistir y que ellos deberán buscar un refugio en las pensiones privadas. Resulta sorprendente la falta de debate social sobre este tema. La mayor parte de los medios de comunicación solo transmiten la opinión de los economistas, que únicamente ven la posibilidad de acentuar las medidas restrictivas del gasto, sin plantearse otras alternativas que sean permeables y contemplen las necesidades sociales.

Es imprescindible que los ciudadanos sean conscientes del riesgo que representa que se cierre la actual revisión de los Pactos de Toledo en los términos en que está planteada actualmente. Hemos de dar una respuesta clara, unida y pública ante la amenaza de convertir las pensiones en una aportación residual.

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