De las pensiones, los sindicatos y otras hierbas (IV)

El “milagro económico español” fue el nombre dado al periodo de crecimiento acelerado y auge económico ocurrido en España entre los años 1959 y 1973. Fue producto de las reformas impulsadas por los llamados “tecnócratas” que, con la aprobación de Franco, establecieron políticas para impulsar el desarrollo en España siguiendo las directrices del Fondo Monetario Internacional. Este crecimiento auspiciado por el Estado, dejó claras sus carencias y a la vista sus vergüenzas, con la llegada de la crisis de los años 70, que no sólo causó graves daños ecológicos, sino que además de producir una centralización industrial desigual dejando a muchas regiones en la pobreza, acabó provocando males endémicos que todavía es una materia económica pendiente para España.

Pues bien, estamos asistiendo a un nuevo milagro español, está ocurriendo que cabalgando sobre el balance de la era Rajoy sin un solo empleo fijo neto, de nuevo la riqueza y pobreza baten récords en signo contrario tras años de crisis. Resulta que la economía española creció el 0,8% en el primer trimestre de 2017 y paralelamente la fortuna de los más ricos creció un 4 % y superó los 4.400 millones en 2016. Sin embargo, esa recuperación de la macroeconomía, de las altas finanzas y las grandes empresas, no camina en paralelo a una mejora de la microeconomía de las familias y el consumo doméstico, sino que de hecho, ocurre todo lo contrario.

Para vergüenza general, España es cada vez más rica y los españoles cada vez más pobres. Es el nuevo “milagro español”, en un país, España en el que tras años de crisis, se está produciendo un grave cuadro de disociación económico-social en el que el nivel del PIB (Producto Interior Bruto) y los niveles de pobreza alcanzan niveles de récord de manera simultánea y contrapuesta.

Los efectos provocados por la última reforma laboral han sido que haya más empleo, en cambio menos trabajo y menos sueldo, lo que en sus cinco años de vigencia ha provocado una devaluación sin precedentes de las condiciones laborales y salariales de los trabajadores españoles, en un proceso en el que la precarización del empleo ha ido paralela a un desplome de las rentas, de las pensiones y de su futuro.

Es en este contexto que tras cuarenta años de la legalización de UGT y de CC.OO el día 27 de abril del año 1977 y en pleno énfasis en recordarnos a todos que fueron necesarios “muchos y enormes sacrificios”, con encarcelamientos, despidos y huelgas, así como un gran sentido de la responsabilidad y tolerancia para avanzar hacia la libertad sindical plena, que ha saltado una noticia que también nos ha dado a entender que los sindicalistas actuales no tienen nada que ver con sus antecedentes.

La noticia que ha hecho saltar todas las alarmas dice que los sindicatos mencionados en lugar de defender unas pensiones públicas y dignas promueven en numerosos sectores y empresas la creación de fondos privados de pensiones, que ellos cogestionan con la propia banca, en este caso BBVA.

Al parecer UGT y CCOO, administran conjuntamente con BBVA la entidad Gestora del Plan de Pensiones de la Administración General del Estado que se encarga de la administración de este fondo de jubilación han vuelto a recibir cuantiosas cantidades de dinero en concepto de Comisiones de Gestión.

Pues bien, la participación de ambos sindicatos en esta gestora ha traído consigo el ingreso de casi un millón de euros a repartir entre los dos, en concreto, han recibido un total de 473.995,57 euros cada uno por este servicio correspondiente al año 2017, 20.000 euros más que lo recibido el pasado año 2016.

La noticia ha caído como un verdadero jarro de agua entre los jubilados y los pensionistas de toda España y que ha saltado en un momento de plena ebullición de manifestaciones en toda España y en el que todas las asociaciones de pensionistas y jubilados han tomado conciencia de la necesidad de salir a la calle para defender contra viento y marea sus derechos.

La reacción de los demás sindicatos al conocer la noticia ha sido más propia de una comedia de enredo. En primer lugar CSIF, CSIT y USO protestaron por que la inclusión de CCOO y UGT en la gestora, según su opinión, supone una “discriminación” para el resto de centrales y en segundo lugar declararon que “lo justo es que todas las fuerzas sindicales que representen los intereses de los funcionarios estuvieran presentes en la gestora, y si no, ninguno”.

Lo único que les ha interesado ha sido repartirse el dinero por la gestión de los fondos privados de pensiones, de la defensa de las pensiones públicas ni una sola palabra.

Tenemos que seguir luchando, aunque sea solos.

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