¿Deben los robots y la Inteligencia Artificial cotizar a la Seguridad Social? (II)

Considerando la Inteligencia Artificial (IA) como una forma de capital acumulado, su desarrollo tenderá a sustituir completamente al trabajo humano en, prácticamente, todos los ámbitos. Los sueldos caerán hasta el nivel del coste marginal en el que las máquinas ofrecen una productividad y una eficiencia mayor, lo que conducirá a los salarios a un nivel muy por debajo del requerido para la subsistencia humana. La participación del factor trabajo como componente de la renta total, tenderá a ser prácticamente nula, lo que implica que el factor capital se convertirá en el responsable de casi el 100% de la producción total a nivel mundial. Con esta reducción, la demanda de mano de obra humana y la caída de los salarios por debajo del nivel de subsistencia, la desventaja potencial para los trabajadores humanos es extrema: no sólo recortes salariales, despidos, degradación de las condiciones de trabajo, pérdida de derechos laborales o la necesidad imperiosa de un continuo reciclaje a ritmos progresivamente acelerados, sino la miseria y la muerte (Bostrom 2014).

A finales de mayo de 2016, ha sido publicado un proyecto de informe elaborado por Mady Delvaux, eurodiputada luxemburguesa perteneciente al Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo, en el que, entre otros, se hace un llamamiento a la Comisión para que comience a observar y  monitorizar, más atentamente, las tendencias en los distintos sectores del mercado de trabajo, con un especial énfasis en la creación y destrucción de puestos en las distintas áreas como consecuencia de la incorporación creciente de robots, combinados con sistemas de Inteligencia Artificial (IA),  en la producción y prestación de bienes y servicios. Pequeños ejemplos de los avances en este campo, indicativos de la tendencia acelerada del cambio, podemos encontrarlos en la empresa FastBrick Robotics, que recientemente ha saltado a los medios de comunicación por fabricar un robot capaz de colocar mil ladrillos a la hora de forma estandarizada, prácticamente sin asistencia humana, o la Máquina Neural de Traducción de Google, cuya Inteligencia Artificial es capaz de entender frases de forma global, sin necesidad de analizar palabras individualmente o en pequeños grupos, acercándose al rendimiento de un traductor humano.

Teniendo en cuenta los efectos que el desarrollo y uso de sistemas robóticos y de Inteligencia Artificial pueden tener en el empleo y, en consecuencia, en la viabilidad de los sistemas de seguridad social de los Estados, el proyecto de informe subraya la necesidad de introducir el requerimiento a las empresas para declarar la extensión y proporción de la contribución de la robótica y la IA a sus resultados económicos con el objetivo de evaluarla y someterla a cotizaciones sociales. Habida cuenta de los previsibles efectos en el mercado de trabajo de los sistemas robóticos y de IA, la implantación de una Renta Básica Universal, debe ser seriamente considerada (Delvaux 2016).

La pertinencia del informe y la urgencia en adoptar medidas parecen más que justificadas dado que, como afirma Hopkins, los sistemas robóticos inteligentes emparejados con tecnologías de IA cognitiva serán capaces de automatizar su implicación en el trazado y consecución de determinados objetivos y resolver tareas. Los agentes inteligentes representan un conjunto de soluciones de IA capaces de entender el comportamiento de los usuarios y con la capacidad de discernimiento necesaria para interpretar sus necesidades, tomando decisiones en su nombre. Las previsiones apuntan que, para 2021, la automatización combinada con agentes de software inteligente apoyados en la evolución de la IA y la tecnología cognitiva habrá eliminado un 6% neto de los empleos en Estados Unidos (Hopkins 2016).  Aunque muchos especialistas en la materia, no creen en el final del trabajo, la innovación en la creación de nuevas profesiones y nuevos puestos es demasiado lenta, a día de hoy, para compensar la megatendencia a la minimización del coste del trabajo debido a su reemplazo por el capital. Esta lentitud en la invención de nuevas profesiones se debe a que, entre otras cosas, aquellos que debieran ser responsables de hacerlo e invertir en la creación de empleo humano, llamémosles capitalistas o plutócratas, carecen de la motivación suficiente para tomarse ése deber en serio (Wierzbicki, 2016).

Cotton-Barrat et al. En su informe Global Catastrophic Risks 2016, consideran que la experiencia pasada demuestra que los sistemas de IA pueden evolucionar desde lo significativamente “subhumano” a lo “sobrehumano” con relativa rapidez, especialmente en determinadas áreas. En las próximas décadas, será posible crear sistemas de IA que sobrepasen a los humanos en todos los ámbitos relevantes, por ejemplo, reduciendo el coste de determinados bienes y servicios. Cuando esto llegue a suceder, sus efectos supondrán una transformación sin precedentes con potenciales efectos positivos y negativos difícilmente predecibles y cuantificables. La automatización y robotización generalizadas podrían causar perturbaciones económicas y sociales significativas que, a pesar de sus relativamente pequeñas posibilidades de provocar una escalada de muertes comparables a otros riesgos globales, han de tenerse muy en cuenta para su prevención. A más largo plazo, la IA podría desarrollar nuevas capacidades muy rápidamente en el caso de que se proceda a la automatización del desarrollo de la propia IA, es decir, emplear IA para crear y evolucionar IA. Con estos poderosos sistemas automatizados, los objetivos y metas con los que son programados pueden ejercer una gran influencia en el futuro de la humanidad, siendo posible que sus efectos devengan en catastróficos si estos no están alineados y en consonancia con los valores humanos. Resulta complicado, no tan solo especificar y definir los valores humanos de forma robusta y confiable para su interpretación por las máquinas, sino también concretar la propia composición, escala y prelación de valores que deben definirse y programarse. Incluso estando los valores de los potentes sistemas de IA alineados con los de sus creadores, tales sistemas podrían desestabilizar el entorno geopolítico de una forma destructiva  (Cotton-Barratt et al. 2016).

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *