Derecho a una información veraz

Esta mañana una convecina se lamentaba de la escasa participación habida en la protesta que el pasado sábado los partidos de la oposición convocaron contra la privatización de la gestión del servicio del agua que pretende realizar el Ayuntamiento de Binissalem. Esta decisión municipal y su entorno mediático no será objeto de mi escrito, aunque no falten ganas y tenga razones para sumarme a una parte de mis conciudadanos que, como yo, están hartos de manipulaciones, cortinas de humo, informaciones parciales y verdades a medias (antesala todo ello de la mentira más absoluta). Lamentablemente ésta es la habitual y premeditada desinformación que nos impulsa, en éste y otros casos, a quedarnos en casa y al “tanmateix no hi ha res a fer” con que me ha espetado mi desanimada convecina.

Aprovecho la coyuntura de citado acontecimiento para poner de manifiesto sus enormes coincidencias con el tratamiento mediático que hace el poder establecido (gobiernos oposiciones, colectivos, etc.) de tantos y tantos asuntos que actualmente nos devoran. Reafirmo que nos devoran porque no solamente atacan nuestros principios básicos y dan dentelladas a unos derechos que creíamos conquistados, sino que alevosamente –cuando pseudo-informan o se justifican- intentan tomarnos el pelo tratándonos como ignorantes. ¿Qué explicación puede tener si no, que la ciudadanía catalana deba pasar otra vez por las urnas, no porque haya expirado el mandato de su gobierno, sino simplemente por pura estrategia personal de Artur Mas? Una maniobra urdida para acumular más poder y desviar la atención de los verdaderos problemas de sus ciudadanos que, dicho sea de paso, gestiona fatal. Por arte de la magia electoral los catalanes, víctimas como el resto de España de un paro bestial y de crueles recortes, se desayunan, cenan y acuestan, no con una pizca más de esperanza a sus problemas, sino con dilemas tales como qué títulos universitarios tendrán validez una vez conseguida la independencia, o comparando las opciones del federalismo de los socialistas con el “nosesabeque” de Más y Durán. También deben preocuparse con la disyuntiva de una España de una o dos capitales o con la entrada o no de Catalunya en Europa. Eso sí, el embrollo electoralista queda bien adornado con un Rajoy que de repente siente un flechazo y se enamora de los catalanes y con un monarca al que le sabe exquisito el jamón que está catando al preguntarle sobre el tema soberanista. Pues bien, con esos mimbres tan esclarecedores los catalanes deberán formar su opinión y llenar las urnas el próximo 25N. … o quedarse en casa.

Situado ahora en un entorno más cercano me pregunto si el President Bauzà o el Govern son conscientes de la desconfianza, el temor y miedo que nos generan las dimisiones de dos consellers de sanidad en año y medio de mandato. Las explicaciones –insisto: no nos tomen por tontos- no pueden limitarse a las consabidas razones particulares o familiares, porque todos intuimos un algo más, algún problema que tiene que ver con nuestra angustia por las listas de espera, con la inquietud -otra vez- de los posibles cierres de hospitales emblemáticos en cuidados paliativos, con la incertidumbre que se palpa en los posibles usuarios de mamografías o de revisiones de próstata, con los prejubilados de Sanidad a los que injusta y impunemente se han cercenado derechos, con las medicina y un largo etcétera.

En estos tiempos de enorme zozobra, si hay una reivindicación a la que no debemos ni podemos renunciar y si hay un deber que no deben obviar los poderes públicos, es al derecho de los ciudadanos a la verdad y a recibir información sin manipulaciones ni maniobras de despiste. Créanme, por lo menos yo no quiero rendirme al “tanmateix no hi ha res a fer”, es la única forma de hacer más soportable esta situación de preocupación, ansiedad y dificultades.

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