Descarada ejemplaridad normalizada

Leí esta expresión en un subrayado de un artículo periodístico, me gustó y me inspiró este artículo sobre la petulancia de aquellos personajillos que se creen alguien y que aspiran a conseguir un reconocimiento social, político o empresarial con un verbo grácil y novedoso. La verdad es que da el pego porque es rotunda y contundente en sí, pero su posible significado depende absolutamente del contexto donde se sitúe.

Puede formar parte del discurso de cualquier orador para embelesar a su auditorio calificando o descalificando a su camarada o a su contrincante, según convenga. Vendría al pelo en unas primarias o en un parlamento donde se debatieran los presupuestos o se presentase una moción de censura.

No solo en el mundo de la política serviría esta expresión, sino en cualquier otro submundo o grupo de nuestra sociedad.

La ejemplaridad es el sustantivo, el cogollito de la cuestión, su núcleo. Sus acompañantes o calificativos: descarada y normalizada, por ese orden y no al revés. No juguemos.

“Descarada” conlleva un significado desafiante, retador y muy palmario y claro al mismo tiempo. Viene a ser como un estriptis mental.

“Normalizada” implica regulación, consuetudinario, tradicional. Algo rancio y demodé.

Estos adjetivos, como opuestos y encontrados que son, aportan a la ejemplaridad un misterio, una incógnita, un halo de etérea consideración inmaterial al tiempo que cósmica.

Lamento haber caído en la petulancia del autor de esta expresión tan afortunada, pero tenéis que comprender que el que padece vértigo y se acerca a un precipicio puede caer en él. Algo así me ha pasado, disculpad. Quería mostraros esta perla literaria: DESCARADA EJEMPLARIDAD NORMALIZADA, para que vosotros buceéis en los discursos o artículos y pesquéis otras perlas similares. Descubriréis hermosos especímenes practicando este nuevo deporte que, por otra parte, os aliviará de padecer un ataque biliar causado por esos personajillos petulantes que nos rodean.

¡Alerta, que para ello no existe vacuna! ¡Atención, yo puedo ser uno de ellos!

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