Desesperanza y esperanza

En este nuestro tiempo infestado de una estrategia totalitaria, salvaje y cínica de acumulación de capital, llamada globalización, dando por superada, por antigualla, aquella ya lejana época de un capitalismo utópico, ya nada nos puede sorprender, cualquier acto de barbarie es posible.

Así, pues, en estos días en que la gente corriente –clase media para abajo—estamos cumpliendo conlaculminacióndel proceso decontribución anual del IRPF, como un deberen pro de la ética del bien común, todos los grandes  medios de comunicación nos han aturdido hasta la saturación con un escaneo selectivo de documentos de propiedad de empresas “off shore”pertenecientes a personalidades de la “jet set” próxima a la fama, el dinero y el poder. Por la enorme cantidad de documentos que afirman tener a su disposición en este extraño “panamáleaks”perteneciente a un solo bufete, el Mossack&Fonseca, de segunda categoría y con sede matriz en la República de Panamá, uno llega a la conclusión de que pagar impuestos es cosa de pobres. La gente con dinero tiene otra ética, la ética de una banda de ladrones hipócritas, mentirosos y cínicos que “predican que bebamos agua, mientras ellos en privado beben vino”.

Estas empresas de ultramar, situadas en paraísos fiscales, cumplen con el primero de los principales objetivos de la globalización imperante, que consiste en dar plataforma de refugio oculto y disponible con la menor merma posible a toda acumulación de capital.Un agujero negro ilegitimo como  resultante de la evasión de impuestos, cohechos, estafas, delitos urbanísticos, tráfico de armas, de estupefacientes, de prostitución etc. El blanqueo de este ingente capital mediante su incorporación al mercado se consigue con la cínica colaboración de la “burocracia privada” junto con la “burocracia pública”.  La “privada” imponiendo sus agresivas teorías económicas como el del exclusivo y excluyente principio de lacompetitividad, cebado de instinto asesino e insaciable ansia de lucha intestina para acabar con los “interruptores” en la imparable marcha del mercado sin reparar enmasivos atropellos colaterales  a las genuinas fuentes de la riqueza: el ser humano y la naturaleza. Nos endosan un pasaje irrevocable que nos condena a todos a un viaje sin retorno en Titanic. La “burocracia pública” -sometidaa la privada-  participando con tramposas colaboraciones como el dela elusión de impuestos a las empresas con el absurdo argumento de que el “efecto derrame” se encargará de una más equitativa distribución, para cerrar después  hipócritamente los ojos a su evasión  al no poner el suficiente control. Y todo ello con el profeso cinismo de cerrar también el círculo, decretando frecuentes amnistías fiscales con el fin de atraer e incorporarfrescos y exiguos capitales al mercado nacional.

Estamos ante un auténticofundamentalismo de mercado y unos obtusostalibanes del poder. Solamente desde esta perspectiva se puede explicar la escandalosa reacción de Europa ante la gran estampida de refugiados que huyen del horror de los cuatro jinetes del Apocalipsis que esta política neoliberal yoccidental ha instaurado en el planeta. A ella también, se le imputa la concepción y engendro de ese monstruo del terrorismo, pues cuando no hay alternativa, se establece una cultura de desesperanza; cuando se sobrepasa el límite de lo aguantable y se aniquila la dignidad del otro, se abre la puerta del suicidio injustificable.

Las revoluciones son hijas de la esperanza, el terrorismo es el feto de la desesperación.

Un comentari a “Desesperanza y esperanza

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