Dudo, luego existo

Dudar no es políticamente correcto, y es señal inequívoca de inmadurez. En consecuencia, si tales afirmaciones son ciertas, a pesar de mis largos años, me comporto como un adolescente incorrecto e inmaduro. Pero…

Leo en la prensa de hoy: “Mas de 20 millones de personas en riesgo de morir de hambre en Yemen, Sudán del Sur, Nigeria y Somalia, a causa de los conflictos armados (invisibles!)”. La alarma es de un miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, a pesar de la maravillosala Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible mediante la cual se pretende poner fin a la pobreza, reducir la desigualdad y luchar contra el cambio climático garantizando, al mismo tiempo, que nadie se quede atrás. En los países líderes en crecimiento económico y progreso (concretamente en Europa, nuestro contexto socioeconómico y geopolítico), vivimos momentos complejos, variables y mutantes, que no nos permiten respirar tranquilamente al no tener garantizados unos niveles sensatos de estabilidad socioeconómica en un escenario político revuelto.

Ante tal situación no resulta fácil ser optimista. Es más frecuente (e incluso comprensible) refugiarse en un pesimismo concretado en el “sálvense quien pueda”, o instalarse en un escepticismo radical (también comprensible). Y nos falla la política. Es un hecho que ni las derechas ni las izquierdas clásicas, ni los nuevos partidos surgidos de la crisis política, han querido y/o sabido abordar los problemas reales de los ciudadanos con inteligencia, coherencia y eficacia. Pero sigue siendo imprescindible “hacer política” si no quieres que otros la hagan otros por ti. Claudio Magri, un referente de las letras y el pensamiento europeo, afirmaba en una reciente entrevista: “Soy pesimista con la razón, optimista con la voluntad. He nacido con esa fe en la utopía y con el precoz desencanto que me ha dado la historia y me sigue dando el siglo XXI”. Ni pesimismo ni optimismo, sino todo lo contrario.

Me aburren los pesimistas radicales y los optimistas antropológicos, y me dan pánico los maniqueos del blanco o negro. Descartes acuño el “pienso, luego existo”. Cierto es, pero un factor sustancial del pensar es la duda. La duda no es dogmática, es dialogante, es creativa, investiga y busca. No a la duda permanente mirándose el ombligo, ni a los cagadubtes, ni a los ambiguos, ni a los cínicos, ni a los meros observadores.

Y la política, pero no sólo ella, está saturada de excesivos políticos convencidos sólo de lo suyo y a seguir jugando con sus cartas marcadas. Concluyo con aquel poema de Bertolt Brecht: “Y tú que eres dirigente, no olvides que lo eres porque antes dudaste de los dirigentes. ¡Permite, pues, a los dirigidos dudar!” También puede ser cierto este otro aforismo “Dudo, luego existo”.

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