El acuerdo de gobernabilidad pasa por La Sexta

Han sido unas elecciones atípicas, raras, distintas. Ha sido una campaña electoral atípica, rara y también distinta. Los medios de comunicación visuales han tenido una gran importancia. La tele ha mandado con programas extraños que han mostrado el perfil más frívolo de los candidatos. De todos. Bertín Osborne es el gran vencedor de la Campaña sin hacer una sola pregunta sobre el Programa de los candidatos que pasaban por sus fincas.

García Ferreras (el mismo que hizo perder a Aznar la Presidencia desde la cadena SER en 2004) dobló en share a todos sus rivales en el Especial Elecciones de su cadena. Iglesias, el de Podemos, se ha puesto una tienda de campaña en el jardín de La Sexta e interviene casi a diario. Los pactos de gobernabilidad se harán por plasma y por La Sexta y, a este paso, tampoco hablarán de Programas.

Decía Knõvak, filósofo de medio pelo noruego y PNN voluntarioso de la universidad de Kõln, que los grandes inventos de la humanidad eran la compresa higiénica y la tele. Lo decía, incluso estando sobrio y lo defendía con inusitada fruición. Sobre la higiene femenina líbreme Dios opinar pero sobre la tele estoy totalmente de acuerdo.

Hemos aprendido de las grandes cadenas de televisión americanas que ya hace muchos años saben que lo que no sale en la tele, no existe. Pero hemos aprendido solo la parte mala de la enseñanza. El show-bussines, la parte blanda, la lúdica. No he escuchado a ningún político hablar de Programas en toda la campaña. Tampoco nadie se lo ha preguntado. Nadie. En las américas también recogen la parte costumbrista de los candidatos, cierto, pero también las televisiones someten a entrevistas de fondo a demócratas y republicanos para que muestren lo que saben, pueden y quieren hacer. Esto no ha pasado en España.

Y, como que no ha pasado, ahora los periodistas tenemos todo el trabajo por hacer. Hay que saber ahora lo que quiere hacer Rajoy o Sánchez para pactar. No había que ser un lince en estadística para deducir de las encuestas que ese sería el resultado final del 20 D, pactar. Y qué lugar mejor para pactar que en un plató de televisión, a ojos de todo el mundo, con “hombre bueno” incluido en el lote (el periodista de turno), con posibilidades de rectificar pacto de forma sencilla y poco comprometida y, además, por entregas. Es lo que quería Pablo Iglesias. Ya lo tiene.

La Sexta (Ferreras) anda por los pasillos de la tele pensando qué nombre ponerle. ¿Pactando a ciegas? ¿Pactando, que es gerundio? ¿Pactando el pacto? Aún no lo tiene claro ya que será más de un programa de ARV. ¡Ideal! Pasta y audiencia. Es privada. Lo puede hacer, lo debe hacer. La cadena puede ser el contrapunto de Antena 3. A García le ha costado mucho conseguir que Planeta le permitiera izquierdizarse tan descaradamente en favor de Iglesias. Pulverizó la noche electoral a sus competidores doblándoles en share.

El debate a cuatro del grupo, ni fue el mejor ni el más visto, pero lo supieron vender como trascendente y definitivo. No lo fue. Una mentira repetida mil veces no fue, tampoco entonces, una verdad. Pero les posicionó de cara a la audiencia y ante los políticos. Ahora toca recoger los frutos de todo este esfuerzo desde hace un año. El acuerdo de gobernabilidad pasa por La Sexta.

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