El conflicto de las contrataciones, pienso en voz alta

Me curo en salud. El contenido de estas líneas representa mi opinión. Exclusivamente la mía. Me resultaría más cómodo (y prudente) permanecer sordo y mudo ante la crisis política que está representando, con razón o sin ella, el conflicto de la contratación múltiple del economista, Jaume Garau. Corro el riesgo de molestar a más de  uno. Lo siento. No es esta mi intención. Pienso, opino, y también dudo.

La confusión  sobre la contratación  del economista Jaume Garau por parte del Govern y, probablemente, de alguna otra Administración está afectando a la credibilidad de las instituciones democráticas y  a todos los políticos/as metidos en un mismo saco.  Es absolutamente reprobable el show, incluidos insultos, del Parlament en su sesión plenaria de ayer. Resulta incomprensible el retraso en dar cuenta del “estado de la cuestión”.

El peligro, ahora, puede radicar en dar una salida en falso a la situación creada. No es suficiente, aunque sea necesario, ofrecer una explicación administrativa referida a la legalidad de los diferentes contratos. También existe una responsabilidad política que debe asumirse no sólo verbalmente, sino incluyendo “decisiones” aunque pueda resultar  doloroso.

Según las informaciones publicadas hasta ahora parece ser que las susodichas contrataciones afectan a tres Consellerías y al área de Urbanismo de Palma gestionadas por Més. Sin caer en la estupidez de ver “tramas” apriorísticas, es una realidad que tal fuerza política tiene un plus de  responsabilidad  que debe asumir. No soy quien para pedir o insinuar dimisiones. Hasta ahora ha dimitido/cesado  la Consellera de Trasparencia, Cultura i  Esports, Ruth Mateu y parte de su equipo.  Tal Consellería fue “asignada” a Més Menorca. Tal decisión (cese/dimisión) ha provocado las iras de Més Menorca (organización no vinculada a Més Mallorca), lo que –aunque no rompa el Pacto de Gobernabilidad- añade inestabilidad al Govern. De momento sigue sin resolverse el futuro de tal Consellería.

Desde mi perspectiva si los trabajos realizados por J. Garau eran necesarios y de calidad, tal como se justifican, no veo razones para expulsarlo de su militancia en Més. Es probable que su contratación, dado el papel que jugó J. Garau en la campaña electoral de Més, no fuera políticamente “correcta”, pero la responsabilidad política radica básica y principalmente, en su caso, en quienes lo contrataron.

Las consecuencias, nos guste o no, afectan a la credibilidad del conjunto del Govern, incluida la Presidenta a favor de la cual hay que reconocerle coraje (vgr. la rueda de prensa que ofreció en absoluta soledad el mismo día de publicarse la noticia); así como no escabullir la relevancia política de los hechos.

La imagen de un gobierno progresista alternativo al PP, así como la viabilidad de un gobierno de coalición, ha quedado tocada. Especialmente si se tarda en dar respuestas convincentes.

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