El desgavell soberanista

Con cierta sorpresa, Artur Mas soltó la noticia de la próxima consulta anunciada para el 9 de noviembre del año venidero. Una consulta plasmada en dos preguntas encadenadas que persiguen, paradójicamente, desencadenarse de una España la cual, según los políticos redactores y muchos más, les impide crear un Estado soberano repleto de bienestar y fortuna para todos sus habitantes. El órdago de CDC y los restantes partidos confederados para con el resto del Estado español, no puede ser más audaz. De principio, las cuestiones jurídicas o legales parece que se están obviando, irrogándose el conjunto de partidos confederados soberanistas la máxima facultad y competencia, sin preocupación alguna acerca del estatus jurídico que se desprende tanto de la C. E. como del propio Estatut de Catalunya, los cuales ni permiten ni autorizan ningún tipo de consulta popular como la que se anuncia para el próximo año. Evidentemente, este aspecto de la cuestión no les preocupa ni a los anti sistema del CUP ni a los independentistas de ERC, cuya meta no es otra sino constituir un Estado soberano plenamente desintegrado del resto de España, caiga quien caiga.

Como tampoco preocupa en exceso ni las consecuencias que para la economía catalana tendría esa segregación, ni el desmembramiento del naciente Estado de la Unión Europea, recordado y anunciado hasta la saciedad por sus más altas instancias. Desde ambas consideraciones, sumamente realistas, el “desgavell” catalán adquiriría cotas insuperables. Sin embargo, nada de ello parece preocupar a quienes se han autoproclamados padres de una nueva patria, sustentada en un pasado manipulado y pretenciosamente aspirantes a implantar un futuro en solitario sumamente dudoso. Y mientras dicho ansiado futuro llega, al más puro estilo de los ahora televisivos Fernando e Isabel, un denostado Ministro Montoro, también disponiendo de recursos del conjunto, mediante su FLA parece dispuesto a revivir el “redreç” de Fernando II, saneando y otorgando liquidez a las finanzas del gobierno autonómico catalán. Un “redreç” desde Madrid que provoca más de un comentario indignado en las redes sociales y en los contribuyentes que no alcanzan a comprender como, el mismo día que se anuncia una “rebelión” contra España, se trasfieren cientos de millones a las arcas “rebeldes”.

Empero todo lo anterior y a mayor abundamiento, la misma pregunta encadenada induce a prever otro “desgavell”. Si la respuesta a sendas preguntas fuese negativa o afirmativa, no se plantearía problema, sin embargo, el cruce de una respuesta primera afirmativa y una negativa en la segunda, configuraría un escenario un punto kafkiano. Obviamente, el sentido literal de la primera ya implicaría una inclusión de la segunda propuesta, puesto que, difícil es entender que ERC y el CUP e ICV, no entiendan que el término “Estado” implica per se una soberanía diferenciada. De no interpretarse en tal sentido, deberíamos acudir a añadirle un adjetivo calificativo al término “Estado”, complementando con el concepto “Asociado”, “Federado”, “Libre”, o cualquier otro similar. En cualquier caso, colegir que ello implicaría una segregación de España, sin la anuencia o consentimiento del resto de ella, es de una falta de sentido común sumamente acusada. Ahora bien, el desbarajuste sería absoluto de producirse una mayoría de rechazo a la segunda pregunta, verdadera apoyatura consultiva del independentismo. Es decir, que una mayoría, sin cuantificar por cierto, aceptase ser considerada Catalunya un Estado, pero no independiente, establecería un teatro político y social auténticamente esquizofrénico.

Obviamente, todo ello no es sino una aproximación al problema que se avecina y que se concreta en frases del estilo de “con el gobierno o sin el gobierno, la haremos”, o sea, que la legalidad para los nacionalistas confederados catalanes, no les preocupa ni les inquieta. Ni tampoco parece que tengan algún plan B para solventar ninguna situación crítica que surja de su órdago. En algún instante semeja que, desde la soberbia, no buscan sino el absoluto desprecio del resto de españoles, hartos de una petulancia plagada de intereses creados. Para dichos confederados los tiempos en que los defensores de Gerona, frente a los cañones de Napoleón, cantaban aquello de “¿cómo quieres que me rinda si España no lo quiere?”, ya han quedado tan atrás, que pueden permitirse la osadía de adentrarse en un “desgavell” no solamente económico, sino social y político. La responsabilidad de provocarlo será exclusivamente suya y la de consentirla del gobierno y las instituciones de España.

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