El efecto nocebo o porqué no creo en Ud.

El jueves leí un artículo en la sección del New York Times de El Pais sobre el efecto nocebo, que es el opuesto del efecto placebo. Imagino que ya saben qué es el efecto placebo, así que no entraré sobre ello. Pero se vé que en el nombre de la ciencia, alguna mente perversa creó un efecto nocebo: dio una pastilla inocua a la gente y les dijo que tenía efectos secundarios, y algunos pacientes sintieron esos efectos como reales.

En el aeropuerto de Houston tuvieron un problema que solucionaron con el efecto nocebo: los viajeros se quejaban de que su equipaje salía con retraso y, pese a que los responsables del aeropuerto pusieron más personal, seguían las quejas. Dado que la espera generaba ansiedad e infelicidad, hicieron que la gente fuera a buscar las maletas a un punto seis veces más lejano que el punto de recogida original. Y desaparecieron las quejas. Aún ahora no sé cómo puñetas han relacionado el efecto nocebo y el hecho de que ir a recoger las maletas a un lugar muy lejano, reduzca los niveles de ansiedad e infelicidad.

Esta mentalidad nocebo+maletas para justificar el ahorro en infraestructura y personal recoge la frase muy española de “no te quejes, que te estoy haciendo un favor”, mientras tú te vas acordando en voz baja de todos y cada uno de los miembros de la familia del que “te ha hecho el favor”.

Empiezo a pensar que entre el efecto nocebo y el efecto placebo nos quieren hacer a todos luz de gas, hacernos caminar seis veces más de lo que debiéramos para obtener lo que en realidad ya es nuestro, y de paso vendernos un montón de libros de auto-ayuda.

Causa de ello, cada vez que me quedo con la anilla de la lata de sardinas en el dedo, no es que me acuerde de la familia del conservero y su magnífico mecanismo, es que no comprendo el efecto nocebo.

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