El Estado Islámico ha puesto sus ojos en Argelia como base de operaciones para atentar en Europa

Argel está a 315 kilómetros de Palma, a solo 63 kilómetros más que Barcelona. Argelia se está convirtiendo en punto de especial importancia para el Estado Islámico (EI) en general, y Al Qaeda en particular, para atentar en Europa. El país está bloqueado y políticamente parado por un teórico consenso que paraliza cualquier toma de decisiones. El presidente Abdelaziz Buteflika está en la actualidad en un estado de salud pésimo y sus apariciones públicas son ya escasas. Las próximas elecciones serán en 2019 y no está claro quién sucederá al hoy presidente.

El 7 de febrero se aprobó una reforma constitucional que estaba prevista desde 2011. Entre otros vitales cambios, incluye la limitación del mandato del presidente (Butelflika gobierna el país desde 1999) y el reconocimiento de pocas libertades fundamentales. Más allá de las críticas por ser insuficiente, esta reforma tiene lugar en un contexto de incertidumbre política y económica.

La caída de los precios del petróleo (forzado por la OPEP para acabar con los países productores pequeños), puede ser el elemento más desestabilizador. Este fenómeno pone en evidencia la enorme dependencia del sector de hidrocarburos –que proporcionan al país el 97% de sus ingresos por exportaciones– y la insostenibilidad de su modelo productivo, haciendo imposible el mantenimiento de la amplia variedad de subsidios a la población, que tradicionalmente han servido de bálsamo para evitar protestas sociales.

El Gobierno he tenido que aumentar el precio de la gasolina, el gas y, sobre todo, aumentar determinados impuestos directos e indirectos. Si se mantienen los bajos precios del petróleo, Argelia podría verse obligada a implementar medidas más drásticas y, finalmente, alterar la balanza de la estabilidad social ya precaria. Por esta razón es caldo de cultivo para los terroristas del  EI.

Desde el año 2013, se han tomado medidas que restringen el gran poder que los servicios de seguridad e inteligencia militar ostentaban desde hace décadas. La destitución del que, durante 25 años, había sido jefe de los servicios de inteligencia, Mohamed Mediene, ha sido el movimiento más sonado de esta transformación. Ha causado gran malestar y muchos movimientos de los sectores más reaccionarios argelinos

Durante estos años el aumento de protestas ha sido menor, por el recuerdo de la guerra civil encubierta de los 90, donde los enfrentamientos acabaron con la vida de más de 180.000 personas. Pero ya hay muchos jóvenes que la recuerdan con menor intensidad. Si disminuyen las cuestiones que desincentivan las protestas y continúa la difícil coyuntura económica, la situación puede desembocar en tensiones y revueltas. La diversificación de la economía argelina es vital en este sentido. Eso favorece la implantación definitiva en el país del EI, con el cual la semana pasada firmó un convenio el Govern de Francia Armengol.

El inicio del proceso de radicalización de las sociedades musulmanas se remonta a 1979, año de la proclamación de la República Islámica de Irán tras la caída del Sha y de la desastrosa intervención soviética en Afganistán). Sus manifestaciones más patentes se produjeron en la siguiente década, produciéndose la enorme subida del FIS en Argelia, golpe de Estado que abortó su victoria electoral en 1992, y desmembramiento el mismo año de la Federación Yugoslava, que encendió la mecha de la guerra interétnica y el sitio de Sarajevo.

Las semillas sembradas en dicha década por tales atropellos y la difusión a golpe de petrodólares del fundamentalismo wahabí iban a germinar en las zonas conflictivas de Oriente Próximo, Magreb y África subsahariana: esa guerra asimétrica de Occidente contra el terrorismo yihadista tanto en Siria, Argelia, Irak, Libia, Afganistán y el Sahel como en el interior de sus propias fronteras. La islamofobia desatada por los atentados de París, y la llegada masiva de refugiados al interior del espacio Schengen coloniza hoy los medios informativos en unos términos que culpabilizan a los 23 millones de musulmanes europeos y ahondan la fractura abierta entre estos y el resto de la población.

El poder opaco, desde que Bumedián gobernaba Argelia, ha guardado un silencio cómplice ante los asesinatos de intelectuales y el terror impuesto ya por el GIA (Grupo Islámico Armado), ya por las escuadras parapoliciales. La violencia se apagó gradualmente al final de la década, y hoy, tan solo grupos residuales de Al Qaeda en el Magreb islámico actúan de forma esporádica en connivencia con los yihadistas que campean en Libia, Argelia y el Sahel. Pero la frustración acumulada tras tres mandatos del ahora invisible Buteflika no invita al optimismo.

El mesianismo apocalíptico del Daesh (o al-Dawla al-Islamiya al-Iraq al-Sham, cualquiera que pronuncie esas palabras en los territorios dominados por el Estado Islámico se enfrenta a una dura reprimenda,  anunciando los yihadistas que cortarán la lengua al que use este nombre), conserva en todo el Magreb su mefítico poder de atracción: el del retorno ideal a una pureza primigenia que otorga el glorioso estatuto de mártir a quienes se sienten despreciados por los “poderes arrogantes” que rigen los Estados árabes.

El grupo Soldados del Califato en Argelia es una nueva escisión terrorista de Al Qaeda, en concreto de la rama AQMI (Al Qaeda en el Magreb Islámico) predominante en el norte de África, que se dio a conocer a finales de 2014 en Argel. Entonces, su cabecilla, Guri Abdelmalek, prometió lealtad y obediencia al líder del EI en un comunicado. El grupo se refugia hoy en las montañas de la Cabilia, la conflictiva región argelina llena de grutas donde fue secuestrado el guía de alta montaña francés Hervé Pierre Gourdel.

Soldados del Califato difundió a través de varias páginas yihadistas en Internet un documento donde el cabecilla de esta ramificación se dirigía así al líder de EI, Abubaker al Bagdadi: “Tienes a los hombres del Magreb Islámico y, si les ordenas, obedecerán. El Magreb se ha desviado del camino verdadero”. Era 2015.

Abdelmalek, más conocido por su nombre de guerra Jaled Abu Suleimán, era hasta esta escisión el comandante de AQMI en la zona central de Argelia y había sido condenado a muerte en 2008. Pasó algunos años en la cárcel de Tizi Uzu. En el comunicado explica que también se ha unido a esta ramificación de Estado Islámico en Argelia el responsable hasta ahora de AQMI en el área oriental del país. Los máximos dirigentes de las fuerzas de seguridad argelinas se han desplegado sobre el terreno en las zonas fronterizas con Túnez y Libia y en las inmediaciones de los pozos petrolíferos y gasísticos del país, donde han repartido más de 3.000 soldados.

La inquietud y preocupación es enorme en Argelia. Su Gobierno quería pensar que tenía bajo control el fenómeno terrorista, muy localizado y ligado a cuestiones internas. Temía, como le sucede a Marruecos y Túnez, una infiltración del yihadismo más radical. Los expertos consideran de especial gravedad esta fuga de Al Qaeda hacia el Estado Islámico porque ahora muchos de los yihadistas magrebíes que partieron a Siria e Irak podrían encontrar acomodo a su regreso en la Cabilia.

“Paciencia, perseverancia y presencia”. Es el mandato que los responsables diplomáticos de los países extranjeros, especialmente europeos, transmiten a los empresarios en crisis que les visitan para emprender la ruta del negocio rápido y fácil en Argelia. Esa vía está condenada al fracaso. Hay que venir con tiempo, establecerse, tener remanente para aguantar los retrasos y estar dispuestos a renegociar las condiciones ya pactadas y cerradas, si el negocio ha resultado demasiado bueno para la parte que viene de fuera, que debe evitar ser tomada como una potencia esquilmadora. Entonces renta. Y mucho.

Si Libia es un pozo de petróleo sobre un polvorín, Argelia es el maná incierto. “Esto es como Cuba pero con dinero y con menos preparación”, dice en Argel un experto en este tipo de negociaciones vinculado al Gobierno. Miente. Pero, además, podría convertirse en una despensa alternativa y fiable para el 30% de gas que Europa compra ahora a Rusia. Son el 15 país productor de hidrocarburos del mundo, el segundo de África, han evitado hasta ahora el virus de la primavera árabe, han derrochado para cambiar en 10 años la fachada del país pero sin una estrategia de diversificación ni una planificación de futuro. Y todo se acaba. Ya se ha acabado de hecho.

En Argel, las viviendas no avanzan porque hay implicados varios ministerios del gobierno argelino, que impone a las compañías españolas que las están haciendo unos precios muy bajos de casas sociales y un socio local que tampoco ayuda. Ahora, tras la última presión, se ha prometido variar esas condiciones, ampliar el parque de viviendas a 200.000, sacar el beneficio en hospitales y otras infraestructuras y hasta rebajar el papel del compañero nacional para favorecer la agilidad. Gas Natural, Repsol, Cepsa, Fertiberia, Abengona, OHL y otras muchas firmas internacionales y españolas padecen en Argelia esos mismos problemas. España fue muchos meses de 2013 el primer socio comercial de Argelia. Es verdad que les compramos más de 10.000 millones solo de gas pero también les exportamos más de 5.000 millones, muy poco menos que a Marruecos.

Tradicionalmente se ha llamado Magreb a la región del Norte de África que comprende los países de Marruecos, Túnez y Argelia, aunque más modernamente se incluye también a Mauritania, República Árabe Saharaui Democrática y Libia. Argelia es, geográfica y culturalmente, puente entre el Magreb y el Máshrek, aunque políticamente se encuadra en el Magreb. “El Magreb se ha desviado de la senda verdadera”, declaraba el comandante de la región central de AQMI ‘Jaled Abu Suleiman’ (cuyo verdadero nombre es Guri Abdelmalek). En un comunicado difundido en páginas web yihadistas y recogido por Reuters, Suleiman se autoproclamaba líder del nuevo grupo, al que se unía otro comandante de AQMI con base en la región oriental de Argelia, bastión de la organización terrorista. “Tienes a los hombres del Magreb Islámico, que obedecerán tus órdenes”, se dirigió a Baghdadi.

Baghdadi, quien se ha autonombrado ‘califa’ (jefe del Estado islámico), rompió con Al Qaeda en 2013, cuando la red de Bin Laden ‘expulsó’ a su grupo por considerarlo demasiado radical. Al mismo tiempo que se expande por Siria, Argel e Irak, EI va dejando tras de sí un reguero de ejecuciones masivas, crucifixiones y decapitaciones. Al Qaeda nombró como su representante en Siria a Jabhat al Nusra, una facción rival de EI.

Según Javier Solana, (distinguished fellow en la Brookings Institution, y presidente de ESADE geo, Centro de Economía y Geopolítica), la colaboración de Argel y su liderazgo en los esfuerzos antiterroristas en la región han sido especialmente reconocidos por Estados Unidos y Europa. Para la Unión Europea Argelia es un país de gran importancia. Su cercanía y los intereses comunes en la estabilidad del Norte de África y el Sahel, así como las cuestiones de seguridad energética, hacen de Argelia un aliado clave, con quien la Unión Europea quiere avanzar en sus relaciones.

La cooperación regional podría ser mucho más intensa si Argelia y Marruecos mantuvieran relaciones diplomáticas. Sin embargo, la cooperación regional podría ser mucho más intensa si Argelia y Marruecos mantuvieran relaciones diplomáticas. Lograr una integración regional estable en el Magreb sería enormemente beneficiosa para todos, en términos comerciales, económicos y de seguridad. El restablecimiento de las relaciones con Marruecos, rotas desde hace cuarenta años, desbloquearía las relaciones entre los países del Magreb, paralizadas por estas dos grandes potencias del norte de África.

En las instituciones de integración continentales, Argel puede posicionarse como un actor de peso. El próximo mes de julio expira el mandato de la actual presidenta de la Comisión de la Unión Africana y, en las últimas semanas, se han escuchado voces que proponen un candidato argelino para sucederla. Argelia sería, en ese caso, el primer país del norte en presidir la Comisión de la Unión Africana y tiene a su favor el apoyo constante que ha prestado a la institución. Todos los comisarios de Seguridad y Paz de la Unión Africana han sido argelinos y el país se ha comprometido especialmente con la seguridad regional, promoviendo el acuerdo de paz en Malí y albergando las conversaciones sobre la situación en Libia.

Argelia se encuentra ante un escenario nuevo. Los enormes desafíos que le presentan los precios del petróleo y la evolución de sus vecinos evidencian la necesidad imperiosa de cambio. De su habilidad para diversificar la economía y desbloquear el sistema político, así como de sus esfuerzos diplomáticos, depende que, en unos años, sea un país estable que ocupe un lugar de primer orden en su región y en el continente.

Fuentes: Centro de estudios y análisis Real Instituto Elcano. Diario Le Monde Diplomatique. Diario Última Hora. Diario El País. Diario alfgerinformation.com. Agencia EFE

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