El humor como trampa y Trump sin ninguna gracia

Dado que una minoría suficiente y emboscada tras el secreto electoral ha conseguido que todos los demás sigamos siendo gobernados por los miembros de una organización sentada a la vez en el Consejo de Ministros y en el banquillo de los acusados, el mejor humor responde de inmediato y consigue abrirse paso con más fuerza aún que hace cuarenta años, cuando también otros mismos siguieron sentados en el Consejo de Ministros hasta que, en ausencia de Justicia, tuvo que ser la ley de la vida la que terminara trayendo la muerte necesaria para que ellos comprendieran que debían dispersarse. La mayoría reímos entonces mucho hasta que, tan contentos como estaban los franquistas por haber salvado vidas y haciendas a pesar de tanto delito, se vinieron arriba en un instante de nostalgia violenta que, aparentemente fracasado en febrero del 81, consiguió alargar su triunfo real hasta hoy, logrando para España la medalla de plata en número de asesinados despreciados por una sociedad tan libre como esta, por la que lucharon hasta perder la vida. Solo nos gana Camboya en número de fosas, pero nosotros ganamos en tiempo de vileza.

Sirva nuestra propia historia como aviso elocuente para navegantes, esa profesión de riesgo que todos desempeñamos a la orden de los timoneles que seleccionamos. La avalancha de chistes fáciles que nos entretienen de nuevo, imprescindibles para respirar y alimentados por los más importantes del PP con esas meteduras de pata que tanto les delatan mientras nos envenenan el aire, es algo que dan por bien empleado mientras les consintamos la sartén por el mango. Deberíamos reparar, mientras reímos, en que cada noticia sobre el cadáver de un antifascista desenterrado viene acompañada de burlas por escrito que no tienen ninguna gracia, y que tampoco reciben el menor reproche legal porque, en este país, hay odios que campan impunes mientras sigan ofendiendo a según quienes de sus propios muertos.

De regreso al día D son las 4 horas y 41 minutos, varias menos en USA según qué Costa, y el reloj marca 167 votos electorales para el impresentable por 131 de la candidata. En la pantalla de A3 el economista Roberto Centeno, presentado como “el único colaborador de Trump en España”, se desata de repente para gritar, entre otras perlas, que Hillary es la responsable de la “primavera árabe”, que Donald “no ha insultado nunca a las mujeres”, que gracias a él “acabaremos con el terrorismo”, que Rajoy le llegó a vetar, a él mismo, don Roberto, en “todas” las televisiones (cuánto poder el de don Mariano, pienso, aquel que un día decretó públicamente el boicot del PP al grupo PRISA y no quebró, pero quizás recoge ahora los frutos de aquella presión que nadie recuerda), y a Rubén Amón y Luis Arroyo, que comparten tertulia, les dice “que ustedes no se enteran de nada”, que “Zapatero es un descerebrado”, y así sigue nuestro particular bocazas de la noche cuando el sueño le va ganando la batalla a la emoción de la duda sobre el futuro del mundo que conocemos. El New York Times intuye ahora la debacle con un 93% de opciones para el protegido de Centeno cuando vuelve a la carga informando que Hillary es “una pieza de cuidado” porque, siendo abogada (hace mil años), defendió ante los tribunales a alguien que violó a una niña. Marhuenda, de cuerpo presente, no puede disimular la satisfacción que le va poseyendo ni tras esa ironía tan ofensiva de la que ahora mismo abusa para burlarse en directo de una tal Adriana, republicana muy equilibrada y escandalizada con el candidato de su partido. Don Paco es de los que votaría a Trump aunque, como dijo Trump, se pusiera a pegar tiros a la gente que pasea por la Quinta Avenida, que algún “demócrata” caerá, seguro.

Concluiremos regresando al principio para encontrar semejanzas en los comportamientos electorales en ambas orillas del Atlántico. En España votan a un partido lleno de delincuentes perseguidos por la Justicia y en USA se envilecen concediendo el poder a un hombre que ha amenazado a todos sus ciudadanos con no aceptar lo contrario. Por cierto, ninguno de los diletantes de la pantalla que sigo ha recordado este exceso verbal, otro más, de los de Trump.

También recuerdo ahora que ningún dictador ha soportado jamás el humor, y en este momento es cuando comprendo que ha sido el miedo intuido lo que me ha bloqueado la menor risa posible, por muchas que hayan sido las idioteces que ha protagonizado Trump desde que apareció en nuestras vidas.

A las 5 horas y 7 minutos decido irme a la cama porque ha entrado “California dreamin” y la coyuntura indica Clinton 202 y el maleducado 186. En este engaño transitorio dormiré envuelto en Mama’s and the Papa’s las tres horas que me quedan. Cuando apago el tal Centeno vuelve a perder los nervios, “¡¡por los clavos de Cristo!!” acaba de escupir. Como gane la mujer, lo mismo le da un infarto al economista. A los demás, solo nos queda el consuelo de que el malo ya es mayor, y la ley solo le concede ocho años durante los cuales esperamos que las otras leyes, las de la vida de nuevo, le vayan rebajando la pasión.

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