El mito del bloqueo

El bloqueo del Imperio a Cuba es un mito que la propaganda castrista ha difundido (con innegable éxito) para justificar el fracaso del sistema comunista. Desde hace algo así como un decenio, el primer suministrador de productos agrícolas de Cuba son los Estados Unidos de América; y su primera fuente de ingresos, juntamente con el turismo, son las remesas que los cubanos residentes en EEUU mandan a sus familiares isleños. Un montante fabuloso (más de mil millones de dólares anuales) que las autoridades norteamericanas dejan evadir. Así pues, la isla comunista vive, en un sentido literal, gracias a los EEUU, particularmente tras la sobrevenida disminución de las subvenciones petrolíferas que ha venido recibiendo de Venezuela.

El límite actual de las referidas remesas es de 500 dólares al trimestre. 500 dólares cada tres meses significan 166 dólares al mes; o sea: una cantidad que es diez veces superior al sueldo medio cubano, que está en 16 dólares. Un auténtico pastón en términos relativos. Pastón que se va a cuadriplicar hasta los 2.000 dólares al trimestre, de no malograrse el plan recientemente acordado entre Obama y Raúl Castro.

De estas remesas que envían a Cuba los cubanos residentes en tierra enemiga, el Régimen comunista no se beneficia sólo indirecta y posteriormente, sino directa e inmediatamente. La actuación directa e inmediata se realiza mediante una confiscación que consiste exactamente en que el Estado se queda con el 20% de la cuantía de la remesa recibida al efectuar un cambio de dólares a pesos convertibles. El peso convertible, que coexiste con el peso normal, es una moneda que se ha inventado para sustituir al dólar en suelo cubano. El Estado, pues, gana con las remesas por partida doble: gana por el simple hecho de quedarse con la divisa y gana al quitarle al ciudadano receptor casi la cuarta parte del monto que le manda su pariente.

La actuación indirecta consiste en gravar con el tipo astronómico del 240% los artículos que se venden en las denominadas TRD o tiendas de recaudación de divisas. Las tiendas de recaudación de divisas son aquéllas en las que se paga, precisamente, en pesos convertibles. Estas tiendas no son establecimientos de lujo, sino supermercados estatales decorosos que venden productos básicos que no se encuentran en los almacenes normales; productos tal que la leche, el queso, la carne de vaca, las conservas de pescado, los embutidos, el aceite de oliva, el vinagre, el papel higiénico y la pasta de dientes. En los almacenes normales, denominados “bodegas”, se funciona con una raquítica cartilla de racionamiento y no se paga en pesos convertibles sino en pesos normales. Estos almacenes, de aspecto decrépito, ofrecen pequeñas cantidades de manteca, arroz, azúcar, frijoles, croquetas de pescado, aceite de girasol, café mezclado con achicoria, huevos y, eventualmente, carne de cerdo y ave. He aquí una fractura social cruel en el paraíso de la igualdad: el que dispone de pesos convertibles compra en los supermercados de divisas y vive relativamente bien. El que carece de ellos, compra en los almacenes normales y vive muy mal.

El bloqueo es, definitivamente, un mito propagandístico. Además de lo expuesto, es preciso observar que Cuba ha venido recibiendo anualmente a 80.000 turistas estadounidenses en plena vigencia del aquél, lo cual lo dice todo sobre su verdadera naturaleza. Otra anécdota gráfica: la Coca-Cola, la icónica bebida del Enemigo, se ha podido consumir en Cuba ilimitadamente. No obstante, el quid de la cuestión no es que el bloqueo sea en realidad un embargo parcial o restricción comercial, sino que dicha restricción implica a los EEUU con Cuba, pero no a ésta con el resto de países que existen en el planeta. Esto es: la isla comunista tiene absoluta libertad para comerciar con cualquier nación, salvo con el Enemigo.

Ojalá que el Congreso de los EEUU no torpedee las incipientes esperanzas creadas. No obstante, el fin del embargo, aunque bueno para la economía cubana, no va a ser una panacea. Nuestra querida ex colonia no podrá dejar de ser pobre mientras siga anclada en una Revolución anacrónica.

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