El ocaso de la clase media

Tenemos el dudoso honor de ser espectadores privilegiados del fin de una era con la desaparición de un actor social que resultó crucial en el siglo pasado. Pues, la clase media, de acuerdo con Thomas Pikketty, representó la constatación empírica de una gran distribución de la riqueza que se produjo a lo largo del siglo XX. No obstante, en este siglo XXI nos hemos zambullido de lleno en los tiempos líquidos que anunció Zigmunt Baumann años atrás. Estamos perdiendo derechos sociales a un ritmo vertiginoso, la situación laboral es cada vez más precaria, los mecanismos de protección estatal están siendo reducidos o incluso erradicados y un largo etcétera. Nuestro propósito en el día de hoy será dibujar un diagnóstico de esta situación en nuestro contexto. La génesis de lo que hoy en día conocemos como clase media data del siglo XVIII con la aparición de la primera industria y la emergente riqueza que se dio en las urbes de aquella época por la puesta en escena de un nuevo actor social: la burguesía, como señala Giddens en su obra Sociología. En cuanto a justicia social, nosotros somos deudores de este actor social que es el ciudadano medio. Los derechos sociales tuvieron su cénit en la época dorada del capitalismo, periodo de tiempo que se inició con el fin de la Segunda Guerra Mundial y finalizó con la crisis del petróleo de los años 70. Cristalizaron éstos en el estado del bienestar, por resaltar entre otros uno de los progresos más notorios para el conjunto de la sociedad.

Los habitantes de ese yermo en el que unos pintan y vaticinan brotes verdes cada año, se encuentran hoy todavía inmersos en la llamada «Gran Recesión» originada en la crisis financiera del 2008. Lo que llama la atención del capitalismo tardío es que nos hemos convertido en incómodos observadores del ocaso de lo que antaño era una gran parte de la población, es decir, estamos viendo como día a día hay una mayor escisión entre ricos y pobres en nuestro país. Y esto, al final, se traduce en el desmembramiento de la clase media. Durante estos años de crisis, se ha hablado mucho de «clase media» como concepto y ha quedado patente que en la prensa e incluso en el ámbito cotidiano se ha convertido en un término vago, ambiguo y difuso. Es éste un concepto que designa tanto una entidad de carácter estadístico como una identidad socioeconómica. De ahí que se trate de un término cuya aplicación resulta problemática. Se ha vaticinado el ocaso de la clase, pero ¿no sería más bien esto un síntoma de pobreza y no de medianía social?

Ante este panorama se hace preciso partir de preguntas que ayuden a construir una base sólida desde la que emprender un análisis del tema en cuestión. No solo cabe cuestionarse de dónde proviene tal idea, en qué consiste o en el cómo se cristaliza en el mundo en el que estamos irremediablemente inmersos, sino que parece obligado tener una visión clara y distinta del término, ya que afecta directamente a la autopercepción de lo que uno mismo es. El hecho de que cada vez más gente se perciba a sí misma como expulsada de esta clase social está íntimamente ligada al terrible auge en toda Europa de los movimientos sociales populistas y radicales que en nuestro sistema democrático se concretan como partidos políticos. La figura de la clase media no solo ha caracterizado un periodo de paz social como ningún otro -pues no deja de ser un concepto de homogeneidad civil- sino que, además, es el heredero social de los pilares con los que se construyó la Europa de la Ilustración, la Europa que pudo y quiso ser, la Europa de la Libertad, Igualdad y Fraternidad.

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