El pisito de Espinar

Es curioso que los palmeros del PP de Granados, Gürtel, Bárcenas, Fabra, Barberá, Camps, Rus, Matas, Cardona, Hidalgo, Rodríguez, etcétera que me quedo sin tinta, se la cojan con papel de fumar con el rollo del pisito de protección oficial cuya compra suscribió el senador de Podemos Ramón Espinar, para venderlo unos años después con un beneficio de 30.000 euros brutos, 19.000 netos. Es cierto que Podemos se ha hartado de vanagloriarse de honestidad, de repeler incluso la sospecha hasta el punto de montarle el pollo a Xelo Huertas y a Montse Seijas por un asunto como mucho discutible y pasar de todo con Jarabo por un asunto como poco discutible; pero también es cierto que la calidad y cantidad de la porquería del PP no se puede comparar, ni con Podemos ni con nada, a excepción de los convergentes catalanes. Es cierto, aunque a la vista de lo que se ha encontrado igual es más adecuado decir que es probable, que la mayoría de políticos del PP son honrados pero les ha fallado a todos una cosa, las tragaderas. Y es una cosa lo suficientemente importante como para permanecer callado, al menos, hasta que encuentres una falta tan gorda como las de, por ejemplo, Granados o Matas. En un asunto como el de Espinar deberían permanecer callados si tuvieran vergüenza, igual que permanecieron callados —y aún permanecen— con tanta mierda como sus correligionarios han propiciado. Si tragaron entonces como unos campeones, que traguen ahora como unos subcampeones.

Además, son tan torpes que, ansiosos por abrir heridas en el presuntamente inmaculado cuerpo de Podemos, no dan con la pregunta que a mi juicio es capital; ¿qué cuernos hace un chaval que no ha terminado la carrera metiéndose en la compra de un piso? ¿qué entidad bancaria que no fuera la Bankia de su papá concede un crédito a un estudiante en su penúltimo año de carrera? La respuestas son claras, el bueno de Ramoncín en aquella época debería estar preocupado, como buen estudiante, sólo de sacar notas decentes, beber muchas cañas y pasárselo bomba, pero no en comprar pisos. Pero claro, si papá te dice —es un suponer— nene, cómprate este pisito que yo te lo pago, que tengo una tarjeta mágica, pues tú vas y obedeces. Después, cuando papá está imputado, sus ingresos han menguado y la tarjeta de crédito negra ha dejado de ser negra y de crédito, pues vas y te desembarcas lo más rápido que puedes, y gracias que vendió en época en la que vender no era sencillo.

El papá de Ramón Espinar, que forjó su éxito, como tanto pesebrero socialista, viviendo como un cura de la política durante veinte años, insiste en que él no es un chorizo, pero 178.400 euros en compras y en cajeros insisten por su parte en apoyar lo contrario.

Eso sí, Ramoncín Espinar ha demostrado una cosa: es un buen hijo.

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