¡El que no llora, no mama!

Y, aunque la expresión sea cierta, se dan casos que aún llorando y berreando no tienen garantizada la teta. Me explico. En el gran mercado persa en que convertido el Parlamento, el líder de la minoría, léase Rajoy, Presidente del Gobierno en minoría, debe mostrar la bondad de sus abalorios para conseguir en la plaza del mercado donde todo se compra y vende el voto de un señor, diputado y canario, que posibilite aprobar los presupuestos del Estado que le permita seguir anclado en sus “trece” (léase las mismas políticas) a pesar de no tener mayoría.

El citado canario, un tal Pedro Quevedo, pone precio a su voto, aproximadamente unos 500 millones extras para su Canarias, incluido un aumento hasta el 75% de subvención en el transporte interinsular para los residentes. Hay que reconocerle sentido del humor. Apareció en televisión (en el telediario, no en un programa satírico) con una gran sonrisa explicando cómo cuantificó el precio de su voto. El plácet de los cinco diputados vascos, absolutamente necesarios, procedentes de los  malditos nacionalistas ( ¡va de retro!), tenían un precio que el PNV puso sobre la mesa sin ningún complejo: desbloquear un contencioso sobre el llamado “cupo” vasco cuyo valor discrepante era de 1.400 millones de euros. Se concedió. Y para más inri acelerar el proceso de la implantación del AVE con llegada a las tres capitales vascas (Bilbao, San Sebastián, Álava). Se toma en consideración. Visto lo visto, es lógico (?) que el canario valorará su papeleta en 500 millones.

A pesar de mis largos años, con inicios alzhémicos, sigo pecando de ingenuo. Creía, y sigo creyendo, que los Presupuestos Generales del Estado – donde se reflejan las inversiones prioritarias propuestas por el Gobierno, cuyos costes se cubren con nuestros impuestos – eran objeto de unos debates entre los diversos partidos con presencia en el Parlamento a fin de llegar a acuerdos posibles. “Acuerdos”, dicho sea de paso, imprescindibles cuando el gobierno de turno no goza de mayoría absoluta, cono es el caso del Gobierno que preside Rajoy. No ha existido un debate real sobre tal o cual inversión. Ha existido, sin más, una compra de votos.

Visto lo visto, comprendo el cabreo de nuestro Govern. Me explico la declaración del Conseller Marc Pons, dejando por sentado que si se les concede a los canarios un descuento del 75% en sus transportes interinsulares tales prebendas repercutirán automáticamente en Balears. Ojalá yerre, pero no lo tengo tan claro.

Nuestros lloros tienen escaso éxito, a pesar de que el mar de lágrimas cubra a toda la ciudadanía. Además de la injusta financiación, que se supone se debatirá ad kalendas grecas, el Régimen Especial de Balears sigue durmiendo el sueño de los justos, mientras los parlamentarios populares representantes de Balears aquí juran y perjuran lealtad a las demandas aprobadas por unanimidad en nuestro Parlament (incluidos los votos del PP), al ocupar sus escaños en la capital del Reino se reconvierten en dóciles corderitos mamando de las tetas de Rajoy.

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