El renacido

Aquel que venga siguiendo el grueso de mis diatribas, en este o en otro medio con los que habitualmente colaboro, no se habrá sorprendido al leer el epígrafe que encabeza estas líneas. Me gusta jugar con los nombres y las frases al uso, procedan del medio del que procedan, que acaban formando parte del común acervo de toda una generación. Y aun así, no me duelen prendas en reconocer que en esta ocasión no he sido todo lo lúcido y original que hubiese deseado.

Pero reconocimiento no significa siempre, o en la mayoría de los casos, lo mismo que aceptación. De lo contrario, la lección de resuelta coherencia impartida por las bases del Partido Socialista Obrero Español a su ejecutiva -que toda una señora presidenta de la Comunidad Autónoma de Andalucía como Susana Díaz nunca podrá olvidar-, habría calado mejor y más hondo en el devenir de la formación desde el pasado domingo hasta ahora. Y si bien es muy cierto que, tras la cómoda barrera desde donde hace días llevo observando con interés la evolución post primarias, las cosas se ven de distinta manera que si las estuviese viviendo en primera persona, no lo es menos que las circunstancias son las que son.

En cualquier caso, con la victoria de Pedro Sánchez han quedado en evidencia unas formas totalitarias con las que, de facto, los barones del PSOE tenían secuestrada la formación a la que supuestamente amparaban. Creyeron que su poder era absoluto, que no tenían porqué rendir cuentas por nada ni a nadie. Olvidaron que estaban allí, en aquella particular y privilegiada atalaya de calle Ferraz, gracias precisamente a todos aquellos que con su voto les instalaron donde estaban ahora.

Lo que, en términos bíblicos, podríamos denominar como una travesía del desierto, es lo que le espera ahora a un Partido Socialista que pugna por mantenerse a flote. Cualquier movimiento en falso, daría al traste con cualquier esperanza de recobrar la credibilidad y el empuje de antaño. Se han cometido tantos errores al amparo de sus siglas, que difícilmente el Psoe podría llegar con las fuerzas medio recobradas a unos comicios a corto y medio plazo. Cualquiera en su sano juicio les recomendaría esperar tiempos mejores. Por eso estoy firmemente convencido de que, con Sánchez o sin él, la situación política de este país va a continuar más o menos igual.

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