El síntoma Trump

Zygmunt Bauman, evocando a Freud, comienza su libro sobre la sociedad líquida, esto es, la modernidad tardía, recordándonos que en los momentos de profunda crisis social se opta entre libertad o seguridad. Sucedió en el periodo de entreguerras y nos está sucediendo ahora mismo. El triunfo de Trump es un síntoma.

Lo anterior tiene que ver con el evidente fracaso de las llamadas democracias representativas, generosas en la concesión de libertades civiles y pobres o estériles en libertades políticas. Lo que surgió tras la Segunda Guerra Mundial fue el Estado de partidos, edulcorado con el pacto de clases que dio lugar al Estado de Bienestar pero que dejó incólume la estructura de poder. Tarde o temprano, tal Estado de partidos no podía acabar más que en la burocratización de la política, antítesis de la democracia directa.

Domesticada la izquierda, el capital vuelve a tomar fuerza con la crisis del 73, una crisis de muchísima menos intensidad que la que se desató en 2008 y que le sirvió para replantear las reglas del juego, en particular en el mundo del trabajo. Las tesis neoliberales arrancan allí. El epílogo de este periodo lo marcan el derrumbe de la Unión Soviética y la caída del Muro, tras lo cual el capitalismo rampante se lanza, ya sin frenos ideológicos y sociales, a su expansión global.

En el mundo líquido en el que nadamos, por seguir con la metáfora de Bauman, el ciudadano constata cómo cada día se sumerge más en la pobreza, va perdiendo sus derechos sociales y no tiene el más mínimo control sobre quien dice representarle. La política se divorcia de los intereses de la ciudadanía. Se hace evidente, finalmente, como decía Lenin, que el Estado no es más que el instrumento de poder de una clase sobre las demás.

La crisis ha puesto en evidencia esta verdad elemental, de ahí el desencanto, la rabia, el rechazo a la clase política y el atractivo de los cantos antisistema. A lo que ha contribuido enormemente el bochornoso papel jugado por la socialdemocracia en los últimos años. Puestos en la tesitura de una sociedad anómica, la balanza parece volver a inclinarse hacia el lado de la seguridad, de ahí el ascenso de la ultraderecha en Austria, Alemania, Francia, Holanda, Dinamarca, etc. Y es lo que puede explicar que un impresentable como Trump haya llegado a ser el cuadragésimo quinto presidente de USA.

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