En Mallorca tenemos un problema grave

Hace unas semanas vi como condenaban al rapero Valtonyc a tres años y pico de cárcel y que a casi nadie le importa en España. Vi como a una twittera –de mal gusto- la condenaban a un año de cárcel por hacer un chiste sobre Carrero Blanco. Vi también que el PP y Cs, en Baleares, votaron a favor de la tarifa plana entre islas, y que en Madrid hacían justo todo lo contrario… y creo que lo hacían porqué saben que no tendrá ningún coste político para ellos en las Islas. Estas tres noticias me hicieron reflexionar.

¿Tenemos una sociedad tan enferma que un ataque a la libertad de expresión –Valtonyc- genera una onda apatía, con la excepción de los sectores sociales más comprometidos? ¿Tenemos una sociedad tan incapaz que no duda en volver a votar al PP y Cs aunque aquí digan una cosa y en Madrid otra totalmente distinta aquí? (es decir, que mienten descaradamente) ¿Qué papel juegan los medios de comunicación de esta tierra en todo esto? ¿Y la sociedad civil organizada? ¿Y la izquierda parlamentaria?

Será por deformación profesional -soy historiador- pero demasiadas veces he pensado sobre como debió degenerar la sociedad del primer tercio del siglo XX para acabar llenado las cunetas de España de muertos y exilio: ¿qué nos dejaron en herencia 3 años de Guerra y 40 de dictadura? ¿Cómo han impregnado a estos 40 de Transición? ¿Qué queda de esa España sociológica hoy en día? Vicenç Navarro afirma en diversos trabajos que del franquismo heredamos un retraso social endémico: las clases extractivas –los amigotes que viven del BOE- y un poder desmesurado de la iglesia católica.

Hay una España rancia –que no se tiene que confundir con el voto conservador- que genera una caspa que, a algunos, no nos deja respirar. Una España legitimada por un Transición que reconoció como válidos unos comportamientos y actitudes que son torpedos a la línea de flotación de cualquier convivencia democrática.

Me refiero al país de las ruedas de prensa a través de una pantalla de plasma, a la de los ministros del interior que impulsan complots mediáticos y que se enorgullecen de “haberse cargado el sistema sanitario” (dixit). Hablo de la España de los ministros de educación obsesionados con “españolizar” o de los políticos que se indignan cuando se le recuerda un pasado marcado por la cal viva. Me frustra ver como el dicho: “virgencita, virgencita, que me quede como estoy” se ensalza hasta convertirse en lema nacional, aunque eso suponga legitimar una forma de hacer y entender la política situada a las antípodas de los principios de cualquier democracia avanzada y dé mayorías parlamentarias al Partido Popular.

La democracia peligra cuando tenemos unas clases medias insatisfechas económicamente (Javier Solana dixit). Carles Boix afirma que la democracia se genera con una clases medias potentes, poca desigualdad social –y una cierta movilidad del capital, para que si los ricos se asustan se puedan ir con su dinero a otra parte.- Yo creo que la democracia también peligra cuando estas clases medias –es decir, la mayoría- no ejercemos nuestra responsabilidad cívica y moral. Dicho de otra forma: cuando escuchéis a alguien indignarse –en el bar, por supuesto- despotricando del país de mierda que tenemos, preguntadle que votó.

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