En un charco de ranas

Con ocasión del Brexit, se han incrementado exponencialmente las voces críticas que ponen en cuestionamiento el funcionamiento actual de la Unión Europea. Más aun, muchas de ellas se atreven a proponer un cambio fundamental de rumbo, pues consideran que ya no se puede jugar a  más de lo mismo, a ese juego torpe de “salga pez o salga rana”. Se da por comprobado que toda  esa pesca está trucada, pues se da la constante casualidad que, para el ciudadano de a pie, siempre “sale rana” (vean sino la reciente sentencia de un tribunal europeo con respecto a las “clausulas suelo” aplicadas ilegalmente a las hipotecas en España). Se acabó el circo (el de “Pasen, pasen, pasen. Vean la serpiente. No hay nada que atente contra la moral.”), pues el Reino Unido,  con esa primera bofetada, inaugura oficialmente el fin de la veda a esa deriva tecnócrata y antidemocrática en la que se ha convertido Europa.

Esa encerrona de “son lentejas”, sin posibilidad de “dejación” alguna, a la que nos ha llevado un trufado encadenamiento de tratados  (“Acta Única”, Tratado de Maastricht”, “Tratado de Lisboa”) de puro y duro neoliberalismo, con el anexo del inclemente tiro de gracia alemán con su “novus ordo seculorum” (Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza), ha resultado al final una camisa de fuerza con la que se ha inmovilizado cualquier mínima pretensión de soberanía nacional de los estados miembros. España fue uno de los -primeros y pocos- estúpidos que aprobó, (deprisa y corriendo y sin estudiar concienzudamente la letra pequeña), la, al final, fallida constitución europea; pero pregunten a Francia, Holanda e Irlanda  qué sucedió con sus osados y críticos renuncios a ser engañados por aquella tan opaca proposición –caballo de Troya- que ya amenazaba con un posible gobierno (infiltrado-poder-no electo) en la sombra. Al final todos, por fas o por nefas, inexplicablemente tuvieron que tragar. Y eso es lo que ahora tenemos, una charca de ranas donde aliviarse con baños de asiento para los pobres; una carta selecta de paraísos fiscales donde refugiarse para los ricos.

Por eso aparecen ahora esas airadas voces que consideran necesario y urgente organizar una conferencia europea para encarrilar (según el primigenio desiderátum del Tratado de Roma) la construcción de una verdadera Europa al servicio político, económico y social de sus ciudadanos y no de los mercaderes transnacionales de este ancho y putrefacto mundo. Denuncian abiertamente, no un mítico, sino un auténtico y real “rapto de Europa”. Esa conferencia tendría como función la renegociación de los tratados en las tres cuestiones cruciales cuyo desconocimiento ha conducido al colapso de la actual construcción europea: la soberanía, es decir la democracia; la prosperidad y la independencia estratégica.

La soberanía. Recuperar democráticamente la soberanía popular. Ello comporta una profunda reorganización de las competencias y, llegado el caso, del modo de designación de las instituciones europeas (Consejo, Comisión, Parlamento, Tribunal de Justicia, BCE). Se debería equipar sobre todo al Consejo Europeo, en el que radica la legitimidad democrática, dotándolo de servicios capaces de preparar y ejecutar sus decisiones. Asimismo el Parlamento Europeo debería emanar de los Parlamentos Nacionales a fin de que las competencias a él delegadas pudieran ser controladas democráticamente.

La prosperidad. Se trata de devolver a la economía europea las llaves de la prosperidad revisando en profundidad las reglas actuales en materia de política económica y monetaria. El paradigma neoliberal –la fe ciega y absoluta en la eficiencia de los mercados- no puede sustituir la definición de políticas industriales y de un encuadre social. El modelo mercantilista alemán (con un superávit externo próximo al 10% del PIB) no es extrapolable a los demás países, en especial a los de Europa del Sur. Es necesario redefinir un modelo europeo de desarrollo aceptable para todos los europeos.

La independencia estratégica. Se debe dotar a Europa de la capacidad estratégica que le ha faltado siempre desde el principio. Mantener una independencia crítica con respecto a EEUU y la OTAN que han arrastrado a Europa a una obcecada vorágine catastrófica en pos de mantener y aumentar una voraz supremacía geopolítica, económica y militar. El resultado de tan incoherente sumisión ha sido la devastación, sin precedente en toda la historia, del otro lado de nuestro “mare nostrum”, dejando  nuestras fronteras a merced de una estampida de infelices hordas inocentes que huyen de la guerra y el hambre  y al   acecho de un terrorismo demencial en nuestras mismas calles. Para ello será preciso, lejos de provocar con instituciones y actitudes obsoletas de trasnochada guerra fría, reanudar el diálogo con Rusia, país europeo imprescindible para el establecimiento de una seguridad necesaria a todas nuestras naciones y definir políticas eficientes y equitativas de codesarrollo con respecto a África y Oriente Medio.

Todo eso y algo más, o seguir chapoteando en la charca.

Un comentari a “En un charco de ranas

  1. Muy buen articulo. Acertado y propositivo, solo falta que
    los partidos hagan POLÍTICA EUROPEA y no se miren el
    ombligo de forma permanente y, siempre en favor de sus mas allegados y sus mezquinos intereses, poltronas e
    intereses partidistas. El aumento de la desigualdad interna
    del Continente es asqueroso y terminará con la UE que nos
    proponen. Los ciudadanos deben tomar, exigir, la palabra y
    dar sentido democrático y social a este bodrio de capitalismo que deja a tantos en la desesperanza.
    Los que no son elegidos no nos pueden gobernar. Nunca.

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