España, un puzle roto

Si buscamos por nuestro desván o en algún altillo de nuestras casas tal vez encontremos el viejo rompecabezas que tanto nos ocupó y entretuvo en nuestra niñez. Si fuimos cuidadosos lo encontraremos anticuado y envejecido, lleno de polvo, pero completo; si no lo fuimos estará incompleto, cochambroso y enmohecido. En ambos casos necesitado de restauración y puesta a punto. Así se encuentra España.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? Por el arrinconamiento y el olvido, por el desinterés de muchos y la perversidad de otros tantos. Por no haberle prestado atención y por falta de mantenimiento.

Podemos prescindir del puzle, dejarlo en su rincón; podemos adecentarlo, revitalizarlo y volver a gozar y disfrutar con él.

Siguiendo recordando mi niñez y juventud, en la Enciclopedia que utilizábamos en la escuela, en la Academia (en mi pueblo no había Instituto ni Colegios de Bachillerato, ahora hay tres) la última lección del apartado de Historia se intitulaba “La nueva España”, cuando el maestro nos tenía que castigar nos la hacía copiar tres veces. Pues bien, hay que construir una nueva España, rehacer un nuevo puzle, pero adaptado y en consonancia con nuestra historia y con nuestro presente y futuro.

No podemos incurrir en errores pasados, ni intentar copiar o repetir estructuras antiguas y caducadas desde posiciones partidistas o anquilosadas en egoísmos impositivos. Hemos de jugar todos contribuyendo, cada cual con sus ideas y sentimientos, a su restauración.

Un puzle es un puzle, no es una baraja, ni un parchís, ni un ajedrez. España es España, lo que fue, lo que es y lo que será. No podemos cambiar su pasado, apenas podemos modificar su presente, pero sí que se puede ir construyendo su futuro si todos nos implicamos en la tarea.

Es muy dificultoso porque nos aferramos a nuestra partecita de puzle, a nuestros contornos provincianos y localistas, no tenemos otro horizonte más allá de nuestra nariz. Hablamos de las dos Españas, de la España invertebrada, de las Españas. Discutimos, nos peleamos, nos despreciamos, nos aburrimos… y así el puzle sigue siendo un rompe cabezas, rompe corazones y estéril conjunto de estúpidas patrias.

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