¿Está la ideología por encima de la ética?

El concepto de ideología fue monopolizado por el marxismo como sinónimo de falsa conciencia en el sentido de que los miembros de una sociedad albergan las creencias que dan por verdaderas porque desde dentro de ese mismo grupo social hay un interés en que así sea. Es, pues, un enmascaramiento de la realidad, unas anteojeras que no permiten ver lo que realmente hay. Al menos ese es el sentido más peyorativo del término, aunque no el único. Marx toma este concepto de los ideólogos franceses del s. XVIII, en concreto de Desttut de Tracy, que en 1796, en su Mémoire sur la faculté de penser lo emplea al igual que posteriormente en sus célebres Eléments d’idéologie (1801-1815). Por ideología entiende Desttut de Tracy una doctrina general acerca de las ideas en el sentido en que usaban el término «idea» los empiristas británicos o los sensualistas franceses, es decir, como sinónimo de lo que hoy entenderíamos aproximadamente por «contenido mental», a saber, las ideas que todos y cada uno de nosotros albergamos en el sentido de representación o realidad mental.

El término «ideología», tal como se usa de una manera corriente no apela directamente al estudio de las ideas o contenidos mentales en el sentido propuesto primigenio, sino que entiende la «ideología» de una manera fuertemente connotativa. Se considera que una ideología es un conjunto de creencias o actitudes sobre un determinado dominio bien sea éste religioso, económico o político y que, a menudo, suele aceptarse acríticamente, es decir, un conjunto de creencias quiméricas o desvirtuadas. Desvirtuando ya el término, desarraigándolo de su tradición, en sentido lato puede bien emparejarse al de Weltanschaung o cosmovisión. El sentido común, la ingenuidad de que mira la realidad sin más y cree que eso es lo que hay, igualmente cree, como Santo Tomás, que lo que ve y toca es lo real. Es la ingenuidad de la inmediatez y en buena medida eso mismo que nos es dado conforma una cosmovisión o idea del mundo: el mundo es así y no asá. El problema de toda ideología es su pretensión acrítica y totalitaria. La única medicina, la crítica y la revisabilidad o, si se quiere, su carácter provisional y tentativo. De ahí que no quepa matar ni arrollar en nombre de ideología alguna y haya, más bien, un lugar preeminente para una tolerancia –que no tolerantismo- imprescindible. La ideología conlleva valores. Obviamente ningún cuerpo de creencias prescinde de los mismos, pues de su mano va un determinado ethos o carácter, un conjunto de disposiciones  e incluso una paleta estética que determina la sensibilidad de cada quien.

Ideologías hay muchas, pero todas ellas tienen un trasfondo común. Por muy agua y aceite que se pretendan unas y otros, arraigan todas en substratos similares. Precisamente en ese suelo común es donde hay que buscar aquello que va más allá de las mismas y que muy bien conforma el ámbito de la eticidad. Valores como los derechos humanos, la libertad intrínseca de las personas, su dignidad y autonomía están más allá de ideologías concretas por muy en el tiempo que aparezcan estas ideas y crezcan al cobijo de una determinada tradición. Una ideología concreta como el socialismo, el liberalismo o el conservadurismo no puede monopolizar el espacio moral y, en consecuencia, no hay lugar para que en nombre de una presunta verdad quiera arrogarse la pretensión y el derecho de imponerse más allá de los límites que la deliberación democrática impone. Porque si hay algo que define a la democracia no es la simple regla de las mayorías, sino el proceso deliberativo previo a cualquier votación.

De ahí que absurdos como la disciplina de voto, o la ceguera de determinados partidos e individuos ante sus propias ideologías sean una clara amenaza a la misma vida colectiva. La ideología es un plus, no una patente de corso o una licencia para matar –que sólo existe en las películas y, desgraciadamente, en Filipinas. Igualmente el presunto monopolio que en su momento ha podido hacer la derecha, la izquierda o el nacionalismo del discurso moral y que momentáneamente se ha erigido como referente moral es absolutamente demagógico y execrable. Así, antes que ideologías, patrias y naciones, por favor, seamos ciudadanos.

3 comentaris a “¿Está la ideología por encima de la ética?

  1. Andrés, como siempre un artículo profundo y documentado. Pero sobre el que podríamos discutir algunas líneas.
    Estoy muy de acuerdo en lo de: “Porque si hay algo que define a la democracia no es la simple regla de las mayorías, sino el proceso deliberativo previo a cualquier votación”. E: “Igualmente el presunto monopolio que en su momento ha podido hacer la derecha, la izquierda o el nacionalismo del discurso moral y que momentáneamente se ha erigido como referente moral es absolutamente demagógico y execrable”.
    Pero en un plano menor, menos excelso, seguramente más referido a la praxis democrática, me gustaría discutir que lo de que, después del preceptivo debate libre y profundo, la disciplina de voto a favor de lo que ha decidido la mayoría, sea “un absurdo”. En un plano diferente pero asimilable, sería lo mismo que tachar de absurdo el acatamiento de una ley, aprobada por mayoría, por aquellos que hubieran quedado en minoría. Soy consciente que el debate sobre esto es más complicado, pero por ahí van mis tiros, aunque este medio no sea el más adecuado, para ahora profundizar más.
    Un especial abrazo,

    1. Querido Emilio,
      muchísimas gracias. La verdad es que tal como tú lo planteas no lo había pensado y me haces reflexionar. Quizás sería más adecuado precisar el terreno de la moral o la ética y el ámbito de la política para dejar claro que al final uno tiene que responder ante su propia conciencia. Te agradezco la reflexión y en próximos artículos trataré de desarrollar las ideas en torno a este hilo que señalas. Muchas gracias.

      1. Mil gracias Andrés:
        La verdad es que en esas fronteras entre la moral, la ética y la política, uno debe moverse con cautela, así lo intento, conscientes de que cada una de esas áreas de conocimiento, recibe respuestas muy matizadas desde la “conciencia” de cada uno, construida con materiales históricos muy diversos.
        Un afectuoso abrazo,

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