Habemus gobierno

Ayer tarde, jueves, Rajoy anunciaba un nuevo equipo de gobierno en el que hay seis nuevas caras, entre ellas la de Cospedal, la de la cínica jeta, premiada con el Ministerio de Defensa por sus incansables desvelos por aumentar de forma notable y meritoria la pobreza y la miseria existencial de sus paisanos manchegos. Hacer un análisis de la nueva configuración del gobierno es irrelevante, dado que su factor común es la lealtad al jefe y a los santos principios del castizo neoliberalismo que el PP practica, entreverado con pringue de franquismo.

Don Mariano, en su último discurso de investidura, estuvo tajante: abstenerse no suponía sólo permitirle gobernar, sino garantizar la estabilidad del gobierno con pactos de Estado. Fue un claro aviso para los enloquecidos navegantes del PSOE, que le votaron como lo hubiera hecho una dama de gran calidad, es decir, alargando en todo lo posible la mano, tapándose la nariz y mirando para la Meca con mucho aspaviento de sofoco, asco y juramentos de venganza por la ofensa infringida. Una puesta en escena que convenció a pocos.

La economía tiene sus ritmos y la política se ajusta a ellos. Como de lo que se trataba realmente no era de que gobernara o no Rajoy, sino de permitir la continuidad de la política económica y social marcada por la santa Troika y la estabilidad de un régimen que garantice seguridad a los poderes fácticos, los melindres de comadre de los actuales dirigentes del PSOE son sólo eso, delicadeza afectada y excesiva en palabras, acciones y ademanes, como define el DRAE. En los próximos días empezaremos a ver un montón de esos trueques políticos que rebajan la política al nivel del cambalache. El primero de ellos los presupuestos del Estado. ¡Pobres militantes del PSOE!

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